Las fiestas solares en el Tahuantinsuyo, el imperio del Inca

Los mitos, son narraciones alegóricas tradicionales y maravillosas ubicadas en tiempos remotos. Son protagonizados por fuerzas sobrenaturales o seres divinos. Por su medio se explican fenómenos o acontecimientos extraordinarios, como el origen del cosmos y grandes acontecimientos de la humanidad. Uno de los mitos más universales y profundos es el que se relaciona con el Sol y el nacimiento, drama, pasión, muerte y resurrección de Cristo: el Mito Solar.

Es indiscutible que la Navidad es un acontecimiento cósmico que se relaciona con una de las posiciones principales del Sol en su movimiento aparente en relación con el planeta Tierra: el Solsticio de Invierno en el hemisferio norte. En forma similar, Domingo de Pascua, en Semana Santa, se establece, en el Santoral, en la primera luna llena después del equinoccio de primavera. De tal manera que, resulta innegable que las fiestas principales del cristianismo, son fiestas solares. En síntesis, son ocho, las ocho principales posiciones del Sol. Cada una se relaciona con las siguientes celebraciones cristianas.

  • Nacimiento: Navidad
  • Candelaria y carnaval
  • Muerte y resurrección: Semana Santa
  • Día de la Cruz,
  • Verano: Día de San Juan
  • Otoño: San Mateo apóstol
  • Santiago apóstol, santa Ana y san Joaquín, Marta de Betania
  • Hallowen, Todos los santos y Día de difuntos

El equinoccio de Cáncer

En su movimiento aparente por la eclíptica, hay cuatro posiciones del Sol sumamente importantes: los dos equinoccios y los dos solsticios. La eclíptica es la línea curva que, en su movimiento aparente, el Sol recorre sobre la Tierra. Es la ruta del Sol, los planetas y las constelaciones zodiacales. Ya se ha estudiado con anticipación estos momentos tan importantes en la ruta del Sol, pero resulta necesario profundizar en su estudio. Las grandes fiestas sagradas de todas las religiones solares están relacionadas directamente con las principales posiciones del astro rey. Es claro que es perfectamente posible trazar una gran cruz cósmica para identificar las cuatro posiciones esotéricas.

El brazo horizontal de dicha cruz cósmica lo podemos representar por los dos solsticios. A la izquierda, el solsticio de invierno y a la derecha, el solsticio de verano. El solsticio de invierno, en el hemisferio norte, corresponde a la noche más larga, que ocurre el 21 de diciembre. Hoy no se puede negar que ese momento se corresponde esotéricamente con la época de Navidad y de ninguna manera es producto de la casualidad.

La cruz cósmica, santa y bendita, en el Cosmos, hace corresponder su palo vertical con los dos equinoccios. El lado superior lo relacionamos con el equinoccio de primavera, en el hemisferio norte y equinoccio de otoño, en el sur; que ocurre aproximadamente el 21 de marzo. Al otro lado de esta cruz cósmica imaginaria encontramos el equinoccio de otoño que ocurre el 22 de septiembre. Por estos días en el santoral cristiano, se celebra el día de San Mateo evangelista, nuestra Señora de la Merced y a Cleofas, uno de los primeros discípulos del Señor

En el hemisferio sur, las estaciones se registran en forma opuesta a como ocurren en el hemisferio norte. Así, si en el hemisferio norte, a finales de diciembre ocurre el solsticio de invierno; en el hemisferio sur, ocurre el solsticio de verano. En forma similar, por la época del 21 de junio en el hemisferio norte se inicia el verano, mientras en el hemisferio sur marca el solsticio de invierno. De esta manera, en Sudamérica, por ejemplo, por esa época se celebra el nacimiento del Sol, el nacimiento del dios Inti, en la cultura del Tahuantinsuyo, el imperio del Inca y se celebraba la fiesta más importante del Imperio, el Inti Raymi.

Es así como, mientras en el hemisferio norte, el 20 o 21 de marzo, ocurre el equinoccio de primavera, al mismo tiempo, en el hemisferio sur, está ocurriendo el equinoccio de otoño. Es la época de Semana Santa y la crucifixión, en el hemisferio norte. En forma inversa, por la época del 21 o 22 de septiembre, en el hemisferio norte ocurre el equinoccio de otoño; mientras que en el hemisferio sur, sucede al mismo tiempo, el equinoccio de primavera, la fiesta de Koya raymi. (Coya, encierra en sí misma el IAO sagrado: IACO). El Koya, Kolla o Killa Raymi, es la fiesta de la Jora o fiesta de la fecundidad y la belleza femenina. Es, asimismo, la fiesta dedicada a la Luna, es decir, a la Koya o Killa en kichwa. En la cosmovisión andina, el Tarpuy Raymi, es la fiesta de la siembra, es el fin de la preparación de suelos y se inicia el nuevo ciclo de los cultivos.

En esta fiesta se realiza el ritual de la Luna y de la Tierra como elementos de la fecundidad. Se celebra el 21 de septiembre en homenaje al género femenino, básicamente a Pachamama o madre Tierra, quien se prepara para recibir la semilla del maíz. Se celebra en el noveno mes del calendario Inca. Era la gran fiesta de la Luna que representaba a la Coya, esposa del Inca o señora del Sol. Durante este mes mandaron los incas a expulsar a las enfermedades de los pueblos y las pestes de todo el Tahuantinsuyo, para ello, se vestían como para ir a la guerra a pelear, tiraban con hondas de fuego y en voz alta echaban a las enfermedades y realizaban ceremonias en las cuales rociaban las casas y calles.

Los pueblos originarios, tan amigos de  observar  las estrellas, se dieron cuenta que en determinada época del año el Sol se mueve  desde una posición perpendicular sobre el Trópico de Capricornio, hasta una posición perpendicular sobre el trópico de Cáncer. A estos días extremos en la posición del Sol se les llamó solsticios de invierno y verano, los cuales ocurren los días en torno del 21 de diciembre y 21 de junio en el hemisferio norte y solsticios de verano e invierno en el sur. Como en los mitos de las culturas antiguas, los griegos a los solsticios le llamaban “puertas” y, en parte, no les faltaba razón. La “puerta de los hombres”, según estas creencias helénicas, correspondía al solsticio de verano (del 21 al 22 de junio) a diferencia de “la puerta de los dioses” del solsticio de invierno (del 21 al 22 de diciembre).

Este simbolismo era compartido por pueblos distantes, separados por el océano Atlántico. Es el caso de los incas en Perú. Los dos festivales primordiales del mundo incaico eran el Capac-Raymi (o Año Nuevo) que tenía lugar en diciembre y el que se celebraba cada 24 de junio, el Inti-Raymi (o la fiesta del Sol) en la impresionante explanada de Sacsayhuamán.

Muchas culturas celebran el equinoccio de primavera como el inicio de la temporada de crecimiento y plenitud. La celebración de Pascua en los Estados Unidos es un ejemplo de la incorporación de las tradiciones originarias del equinoccio de la primavera. Los huevos, son símbolos de fertilidad y primavera, más específicamente de la diosa Ostara (de donde viene el nombre Easter), y originalmente correspondían a la celebración del equinoccio vernal. En Irán y Afganistán el equinoccio vernal marca el inicio del año nuevo, y muchos países de Europa tienen festivales tradicionales de primavera

Fueron cuatro las festividades principales o eventos culturales integrales que se conmemoraban en el Tahuantinsuyo, como lo indica el Inca Garcilaso de la Vega: “Los Incas celebraban en su corte cuatro fiestas solemnes cada año. La principal y majestuosa era la fiesta del Sol,… La segunda y no menos principal era la que hacían cuando armaban caballeros a los noveles de la sangre real”. Esta segunda festividad era el Qhapaq Raymi. Aparte de las cuatro festividades principales había otras “ordinarias que se hacen cada luna, y otras particulares” (Comentarios Reales).

Estas festividades o conmemoraciones de tipo cultural-espiritual, que fueron llamados Raymi, tenían fundamento astronómico. Estaban basados en los solsticios y equinoccios (inicio de las cuatro estaciones), guardando plena armonía con la Naturaleza y el fluir del cosmos.

En los Comentarios Reales (Libro segundo, Cap. XXII), se lee que “Alcanzaron también los solsticios de verano y del invierno, los cuales dejaron escritos con señales grandes y notorios, que fueron ocho torres que labraron al oriente, y otras ocho al poniente de la ciudad del Cuzco, puestas de cuatro en cuatro…”  En cuanto a los equinoccios de primavera y otoño los Incas “También alcanzaron los equinoccios, y los solemnizaron mucho… Para verificar el equinoccio tenían columnas de piedra riquísimamente labradas, puestas en los patios y plazas que había ante los templos del sol”.

Samael Aun Weor, hablando de las celebraciones incas y el equinoccio de septiembre, explica que: “Los conocimientos astronómicos de los “adoradores del Sol”, allá por el año de 1250, antes de la conquista de los Incas, eran casi tan altos como los de los aztecas de la época, o de los egipcios de la antigüedad. Ellos sabían del movimiento del Sol, que en su lenguaje se llamaba Inti y de la Luna, Mama Quilla. Conocían los puntos cardinales y su orientación: Chincha, Norte; Colla, Sur; Anti, Oriente; y Cunti, Occidente. Para determinar los equinoccios en forma exacta, tenían un sistema muy simple y por lo mismo admirable para su tiempo. Sencillamente usaban un cilindro sin techo, hecho de piedra, de más o menos 18 metros de circunferencia y ocho metros de altura, con una puerta de entrada. Este cilindro constituía un observatorio astronómico y un lugar exclusivamente para la adoración al Sol.”

“Cuando el Sol se encontraba próximo al cenit, los sacerdotes encargados de la «observación ritual», entraban por una puerta al cilindro; otros, quedaban en el exterior; y en el momento en que el Sol alumbraba totalmente el fondo del cilindro y no proyectaba ninguna sombra afuera ni adentro, era la hora «cero», o sea el paso del Sol del hemisferio norte, el 21 de marzo; y viceversa, el 23 de septiembre. Los hijos del Sol a la línea ecuatorial la denominaban Inti-Ñan, que quiere decir el «camino del Sol», significado muy real, por cuanto las 24 horas del 21 de marzo y del 23 de septiembre, el Sol recorre la línea ecuatorial, alrededor de la Tierra. He aquí su significación: Inti: Sol; Ñan: camino. Los días de las fiestas equinocciales que por tradición se observan, coinciden perfectamente con las fechas astronómicas del 21 de marzo y del 23 de septiembre, lo que prueba que los «devotos del Sol» estaban en la verdad, señalando este lugar astronómico llamado Inti-ñan (el camino del Sol), como centro del mundo y templo de su dios Sol.”

En el antiguo imperio del Inca, “Las fiestas del 23 de septiembre eran severas, suplicantes y rogativas, a fin de obtener las bendiciones de su dios Sol, para iniciar sus labores físicas y espirituales. Era una serie de manifestaciones expresivas de súplica en que ponían en juego los efectos del amuleto y de la magia o teúrgia. Enterraban cuyes y sus corazones ofrecían en fuentes de precioso metal a su dios Sol; guardaban en cofres de barro, los trapos usados por el labrador y pequeñas porciones de tierra tomadas del terreno a sembrar, hasta la cosecha. Comenzaba la lucha entre el bien y el mal; el bien, representado por un atlético guerrero, armado con una lanza de madera y con la insignia del Sol en el rostro; el mal, el diablo, al que denominaban «mandingo» o iguanchi, como lo llamaban los jíbaros; se presentaba revestido con una máscara fantasmagórica -diablo-humano cabeza de diablo evocando sentencias agoreras. Al final de esta lucha, triunfa el bien sobre el mal; después de ultimado el mal con las lanzas, con gritos de desprecio, el Sacerdote ordenaba a los soldados y al pueblo que lo arrojaran en la quebrada del mandingo y terminaban con una danza triunfal brincada.”

 

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