La inmortalidad

Contenido:
Introducción
La inmortalidad espiritual
El Eterno Retorno
La Transmigración
El Budhata
Más allá de la muerte

Introducción

A lo largo de los siglos, la humanidad actual ha idealizado la posibilidad de la inmortalidad, tanto del Alma, como del cuerpo. Se estiman como asombrosas e increíbles, las edades anotadas en el Génesis para algunos personajes, como Enós, quien, según la Biblia, vivió 905 años. Así como los años que vivió Set, que según el libro sagrado, fueron 912 años, los de Jared 962 años y el más famoso de todos los longevos de las sagradas escrituras: Matusalén, hijo de Enoc. Matusalén, vivió 969 años y murió. Asimismo, en Génesis 5:24, se lee que Enoc caminó “con Dios y desapareció, porque lo llevó Dios”.

Son dos tipos de anhelos para la humanidad actual. El primero es el de lograr una longevidad, como las de Matusalén, Jared, Set y Enós. Pero otra, la que se vislumbra con el prodigio de Enoc: la inmortalidad del cuerpo, asociada a la Resurrección.

En relación con la Resurrección, también hay de dos tipos. Resurrecciones del tipo: “vida después de la vida”, incluidas aquí, resurrecciones milagrosas, como la que realiza Elías con el hijo de la viuda y las resurrecciones milagrosas que hizo el divino redentor del mundo, entre ellas, la resurrección de la hija de Jairo.

Cayó enfermo el hijo del ama de la casa; y la enfermedad fue tan grave que no quedó en él aliento. Y ella dijo a Elías: ¿Qué tengo yo contigo, varón de Dios? ¿Has venido a mí para traer a memoria mis iniquidades, y para hacer morir a mi hijo? Él le dijo: dame acá tu hijo. Entonces él lo tomó de su regazo, y lo llevó al aposento donde él estaba, y lo puso sobre su cama. Y clamando a Jehová, dijo: Jehová Dios mío, ¿aun a la viuda en cuya casa estoy hospedado has afligido, haciéndole morir su hijo? Y se tendió sobre el niño tres veces, y clamó a Jehová y dijo: Jehová Dios mío, te ruego que hagas volver el alma de este niño a él. Y Jehová oyó la voz de Elías, y el alma del niño volvió a él, y revivió. Tomando luego Elías al niño, lo trajo del aposento a la casa, y lo dio a su madre, y le dijo Elías: mira, tu hijo vive. Entonces la mujer dijo a Elías: ahora conozco que tú eres varón de Dios, y que la palabra de Jehová es verdad en tu boca (1ª. Reyes 17:17-24).

Vino un hombre principal y se postró ante él, diciendo: Mi hija acaba de morir; mas ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá… Al entrar Jesús en la casa del principal, viendo a los que tocaban flautas, y la gente que hacía alboroto, les dijo: apártense, porque la niña no está muerta, sino duerme. Y se burlaban de él. Pero cuando la gente había sido echada fuera, entró, y tomó de la mano a la niña, y ella se levantó. Y se difundió la fama de esto por toda aquella tierra. (Mt 9:18, 23-26).

De otro tipo, de otra naturaleza es la más famosa de todas las resurrecciones: la Resurrección del mismísimo Señor Jesucristo. Sin embargo, antes de Jesucristo, otros seres extraordinarios lograron tal prodigio y después del gran iniciado Jeshua Ben Pandirá, otros también lo han logrado.

Respecto de la búsqueda de esa ansiada inmortalidad, el Kalki Avatar de la Era de Acuario, Samael Aun Weor, afirma lo siguiente: “Los científicos hacen en estos momentos experimentos y esfuerzos con el fin de alargar la vida. Se han inventado sueros que, se asegura, pueden prologar la existencia hasta 150 años. Pero la realidad de las cosas es que Stalin murió rodeado de científicos, que Eisenhower murió rodeado de sabios médicos. Entonces: ¿en qué quedaron todas las teorías? En cambio, nosotros tenemos gentes que aún viven, gentes de los siglos XIV, XV, XVI, XVII, existiendo todavía. Quiero referirme en forma enfática al conde de SAINT GERMAIN”.

La inmortalidad espiritual

Mucho se ha escrito en relación con el Alma y si esta en realidad es inmortal. Así, por ejemplo, entre los Diálogos de Platón, destaca: el Fedón, que trata precisamente de la inmortalidad del Alma, diálogo del gran filósofo griego Sócrates y que consigna la conversación del filósofo con sus discípulo Simmias y Cebes y narrado por Fedón a Equécrates. Transcribiremos a continuación, algunos párrafos tomados de la página 396 de la versión de los Diálogos, editada por Editorial Porrúa, S.A. de México y publicada en 1976.

Ya por esa época, las personas se formulaban dudas existenciales similares a las actuales, como aquella que expresa su discípulo Cebes al gran filósofo ateniense: hay, sin embargo, una cosa que parece increíble a los hombres, y es eso que has dicho del alma. Porque los hombres se imaginan que cuando el alma ha abandonado el cuerpo, ella desaparece; que el día mismo que el hombre muere, o se marcha con el cuerpo o se desvanece como un vapor, o como un humo que se disipa en los aires y que no existe en ninguna parte. Porque si subsistiese sola, recogida en sí misma y libre de todos los males de que nos has hablado, podríamos alimentar una grande y magnífica esperanza.

Después de estos cuestionamientos de Ceres, viene una largo razonamiento de Sócrates en que sostiene su aceptación de la ley del Eterno Retorno, la Metempsicosis de Pitágoras o Transmigración de las esencias expuesta por Krishna, el octavo Avatar de Visnú en el Bhagavad Gita. Sócrates respondió así: preguntémonos por lo pronto, si las almas de los muertos están o no en el Hades. Según una opinión muy antigua. Las almas, al abandonar este mundo, van al Hades, y desde allí vuelven al mundo y vuelven a la vida, después de haber pasado por la muerte. Si esto es cierto, y los hombres después de la muerte vuelven a la vida, se sigue de aquí, necesariamente, que las almas están en el Hades durante este intervalo, porque, no volverán al mundo si no existiesen, y será una prueba suficiente de que existen si vemos claramente que los vivos no nacen sino de los muertos…

Más adelante, en el mismo diálogo, Sócrates cierra su razonamiento de la siguiente manera: Por lo tanto, estamos de acuerdo en que los vivos no nacen menos de los muertos, que los muertos de los vivos; prueba incontestable de que las almas de los muertos existen en alguna parte de donde vuelven a la vida.

El Eterno Retorno

La ley del Eterno Retorno, establece que todo se repite y retorna. Se repiten los días de la semana, vuelven las fases de la Luna y las cuatro Estaciones del año se turnan en ciclos de manera incesante. Retornan los días y las noches y cada cierto tiempo vuelven los cometas a ser vistos en el firmamento.

P.D. Ouspensky en el capítulo titulado “El Eterno Retorno y las Leyes de Manú”, de su obra: “Un Nuevo Modelo del Universo“, transcribe un interesante texto de Simplicio: los pitagóricos dijeron que las mismas cosas se repiten una y otra vez. En conexión con esto es interesante observar las palabras de Eudemo, discípulo de Aristóteles (en el Libro 3º de la Física). Él dice: algunas personas aceptan y algunas personas niegan que el tiempo se repite. La repetición se entiende en diversos sentidos. Una clase de repetición puede suceder en el orden natural de las cosas, como la repetición de los veranos y los inviernos y otras estaciones, en que una nueva viene después de que otra ha desaparecido; a este orden de cosas pertenecen los movimientos de los cuerpos celestes y los fenómenos producidos por ellos, tales como los solsticios y los equinoccios, que son producidos por el movimiento del Sol.

Pero si debemos creer a los pitagóricos, existe otra clase de repetición. Eso quiere decir que yo os hablaré y me sentaré exactamente así y tendré en mi mano el mismo palo, y todo será igual que ahora y el tiempo, como es de suponerse, será el mismo. Porque si los movimientos (de los cuerpos celestes) y muchas otras cosas son los mismos, lo que ocurrió antes y lo que ocurrirá después son también los mismos….

Muy oportuno resulta citar al libro del Eclesiastés, en la Biblia: Generación va, y generación viene; mas la Tierra siempre permanece. Sale el sol, y se pone el sol, y se apresura a volver al lugar de dónde se levanta. El viento tira hacia el sur, y rodea al norte; va girando de continuo, y a sus giros vuelve el viento de nuevo. Los ríos todos van al mar y el mar no se llena; al lugar de donde los ríos vinieron, allí vuelven para correr de nuevo. Todas las cosas son fatigosas más de lo que el hombre puede expresar; nunca se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír. ¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol. ¿Hay algo de que se puede decir: he aquí esto es nuevo? Ya fue en los siglos que nos han precedido. (Ec 1:4-10).

Con justa razón el Buda Maitreya, Samael Aun Weor, explica en el capítulo titulado: “Ritmo, Retorno y Recurrencia” de su obra: “El Cristo Social”, que: Las leyes de Retorno, Recurrencia y Ritmo gobiernan inteligentemente la vida y la muerte, el flujo y el reflujo, y los incesantes cambios y movimientos de la Naturaleza.

La Transmigración

En el Bhagavad Gita, se lee la siguiente explicación de Krishna el Avatar Indo: El Ser no nace, ni muere, ni se reencarna, no tiene origen; es eterno, inmutable, el primero de todos, y no muere cuando matan al cuerpo. Y dos versículos más adelante se lee: “Como uno deja sus vestidos gastados y se pone otros nuevos, así el Ser corpóreo, deja su cuerpo gastado y entra en otros nuevos.

El Venerable Maestro Samael, en el capítulo titulado: “La Reencarnación” de su obra: “El Misterio del Aureo Florecer“, comenta ambos versículos, aparentemente opuestos del gran Avatara Krishna. Advierte, que “si no conociéramos la clave, es obvio que quedaríamos confundidos”.

El Ser es el Ser y la razón de ser del Ser, es el mismo Ser. El Ser es lo Real, lo auténtico. Es el mismo Espíritu del cristianismo, Atman, el inefable, entre teósofos e indostanos, Chesed, entre los rabinos judíos, el Íntimo, el Dios íntimo, el Padre interno, el cuarto sefirote de la Cábala o cuarto principio de todo ser humano auténtico. Dos peldaños abajo en la escala sefirótica, se encuentra el Manas superior, Tiphereth, el Alma humana.

Sin embargo, en el Budismo y en la Gnosis, se enfatiza que el animal intelectual, falsamente llamado hombre, la humanidad actual, la inmensa mayoría de hombres y mujeres que poblamos el planeta Tierra, no poseemos Alma, somos desalmados. Pero afortunadamente, poseemos, el material psíquico necesario para fabricar eso que se llama Alma. La materia prima necesaria para crear el Alma, es la Esencia maravillosa.

El Budhata

Los diferentes textos budistas, coinciden en que no hay un alma individual en el hombre máquina. En el animal intelectual, solo existe un “conglomerado de fenómenos frágiles o fugaces, de combinaciones momentáneas e impermanentes” y que en la máquina humana: “no hay nada constante, ninguna unidad”. En el Budismo, el Ego, el yo es una ilusión, “una percepción errónea de la vida” y se tiene claro que no es eterno.

Según el Budismo, la Esencia es una pequeña parte del ser humano actual, pero esta es inconstante: aparece y resurge condicionada a los apegos y los agregados psicológicos. En el Budismo, la Esencia es el Budhata . Es la auténtica naturaleza de Buda en nuestro interior, que puede crecer solo con el despertar de la conciencia, hasta convertirse en el auténtico Bodhisattva y seguir el camino hacia la Iluminación.

La concepción budista de la negación del Alma en la máquina humana y el estado de ilusión característico de la máquina, no es ajena al Gnosticismo Universal. Elaine Pagels, en la página 176 de su obra: “Los Evangelios Gnósticos“, publicada en español por Crítica, comentando uno de los textos de la Gnosis antigua, explica: El Evangelio de la Verdad califica semejante existencia de pesadilla. Aquellos que viven en ella experimentan “terror y confusión e inestabilidad y duda y división”, viéndose atrapados en “muchas ilusiones”. Así, según el pasaje que los estudiosos llaman “la parábola de la pesadilla”, vivían “como si estuvieran profundamente dormidos y se encontraran en sueños turbadores…

El Venerable Maestro Samael Aun Weor, afirma que: Tal vez si antes se hubiera aclarado que el ser humano todavía no tiene encarnada su Alma Humana, y que solamente tiene una fracción de Alma encerrada dentro del Ego, las gentes habrían rechazado esta verdad…. Sabemos que la Esencia es una fracción de Alma, pero con esa fracción podemos elaborar lo que el Tao llama “Embrión Áureo”. Ese Embrión Áureo viene a establecer, en nosotros, un perfecto equilibrio entre lo material y lo espiritual. Pero no es posible elaborar dicho Embrión, si antes no hemos liberado a la Esencia que se encuentra embotellada dentro del Ego, del “Yo”, del mí mismo. Desintegrando el Ego, la Esencia o Buddhata se transforma en el Embrión Áureo.

El V.M. Samael en el capítulo titulado “La Esencia” de su obra: “Psicología Revolucionaria”, explica que desgraciadamente la Esencia se encuentra embotellada, enfrascada entre el Ego y esto es lamentable”. Explica además que: “nunca podríamos liberar la Esencia sin desintegrar previamente el yo psicológico” y que en la Esencia “está la religión, el Buda, la sabiduría, las partículas de dolor de nuestro Padre que está en los cielos y todos los datos que necesitamos para la Auto Realización Íntima del Ser… La esencia libre nos confiere belleza íntima, de tal belleza emanan la felicidad perfecta y el verdadero amor. La Esencia posee múltiples sentidos de perfección y extraordinarios poderes naturales.

Más allá de la muerte

En el Bhagavad Gita se lee lo siguiente: Al dejar el cuerpo, tomando el sendero del fuego, de la luz, del día, de la quincena luminosa de la Luna y del solsticio septentrional, los conocedores de Brahman, van a Brahman. El yogui que, al morir, va por el sendero del humo, de la quincena oscura de la Luna y del solsticio meridional, llega a la esfera lunar, y luego renace. Estos dos senderos, el luminoso y el oscuro, son considerados permanentes. Por el primero, se emancipa, y, por el segundo se renace.

El Presidente fundador de las instituciones gnósticas, Samael Aun Weor, comentó los anteriores versículos del Bhagavad Gita, en el capítulo titulado “La Reencarnación” de su obra: “El Misterio del Aureo Florecer”: los de Brahma van a Brahma y pueden, si así lo quieren, volver, incorporarse, reencarnarse, para trabajar en la Gran Obra del Padre. Quienes no han disuelto el Ego, el yo, el mí mismo, se van después de la muerte por el sendero del humo, de la quincena oscura de la Luna y del solsticio meridional, llegan a la esfera lunar y luego renacen, retornan, se reincorporan en este doloroso valle del Samsara.

La doctrina del Gran Avatara krishna enseña que solo los dioses, semidioses, reyes divinos, titanes y devas se reencarnan. Retorno es algo muy diferente. Es incuestionable el retorno de kalpas, yugas, mahamvantaras, mahapralayas, etc, etc, etc. La ley del eterno retorno de todas las cosas se combina siempre con la ley de recurrencia. Los egos retornan incesantemente para repetir dramas, escenas, sucesos, aquí y ahora. El pasado se proyecta hacia el futuro a través del callejón del presente.

Los estudios gnósticos enseñan que con la muerte, unas partes de la máquina humana van al sepulcro y otras a la quinta dimensión, al más allá o mundo astral. Van al sepulcro: el cadáver y la personalidad. El fondo vital se queda cerca del sepulcro y poco a poco, estas tres partes se van disolviendo hasta desintegrarse plenamente de acuerdo con el principio de transformación de la energía.

La personalidad es la suma de hábitos, costumbres, tradiciones, educación, informaciones y aprendizajes que la máquina humana tiene desde su nacimiento. La personalidad es del tiempo. Nace con el tiempo, se robustece con las experiencias y muere con el tiempo. La personalidad es energética y pertenece a la cuarta dimensión.

De acuerdo con la Física moderna, la cuarta dimensión es el tiempo, pero también tiene un aspecto espacial. A la cuarta dimensión pertenecen los fenómenos electromagnéticos. Las ondas de la televisión, la radio, los rayos X, las microondas, entre otras, pertenecen a la cuarta dimensión. De ahí que los fenómenos de la cuarta dimensión, sean generalmente invisibles. El fondo vital, cuerpo vital o cuerpo etérico, es el asiento de todos los fenómenos físicos, químicos y biológicos de la máquina humana y pertenece a la cuarta dimensión.

La quinta dimensión, es lo que está más allá del tiempo, es la Eternidad. Es el más allá, el mundo de los vivos y de los muertos. Es el lugar al que llegamos cuando nuestro cuerpo físico duerme y al día siguiente decimos: “anoche tuve un sueño”. Muchos de lo que se sueña en ese estado, son vivencias que se han tenido en la quinta dimensión o mundo astral. Al mundo astral viaja la Esencia embotellada en el Ego y envuelta en los cuerpos lunares.

La tradición hindú, la yoga y la teosofía, hablan de la constitución septuple del ser humano. Son siete principios que devienen de la Trinidad o Trimurti, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (Brahma, Shiva y Visnú en la India¸ Osiris, Isis y Horus en el antiguo Egipto). Esos siete principios, son en su orden: el Ser, la conciencia, la voluntad, la mente, las emociones y deseos, la vitalidad y el cuerpo físico. Esos principios toman la forma de cuerpos espirituales en una mujer y un hombre auténticos: Son el Ser, Atman o el Espíritu; el Alma Divina o Budhi; el Alma humana, Manas superior, cuerpo causal o cuerpo de la voluntad consciente; el cuerpo mental o Manas inferior; el cuerpo astral o cuerpo Kedsjano; el cuerpo vital o cuerpo etérico y el cuerpo físico.

Sin embargo, la Sabiduría gnóstica enseña que con la caída, con el pecado original en el mito de Adán y Eva, con la fornicación y la degeneración humana, la humanidad perdió su alma humana y se desconectó de su Mónada (Atman-Budhi), de su Alma Divina y de su propio Espíritu.

Se aclara además, en el esoterismo gnóstico que los cuatro cuerpos espirituales (vital, astral, mental y causal), deben ser formados, hay que fabricarlos. La máquina humana solo posee el germen de esos cuerpos espirituales, que toman la forma de cuerpos fantasmales o cuerpos lunares.

Un hombre auténtico, una mujer auténtica, ya no tiene solo Esencia, porque ha fabricado eso que se llama Alma. En su proceso de nacimiento o de creación, la futura Alma, se transforma en sucesivas metamorfosis, como el gusano que un día se convertirá en mariposa, como un niño que pasó de cigoto a mórula, luego a embrión y un día viene al mundo físico. La Esencia debe transformarse en una Perla Seminal, posteriormente en el Embrión Aureo y finalmente nacerá el Alma auténtica. Este es el verdadero Nacimiento Segundo del que habló Jesús a Nicodemo en el capítulo III del Evangelio de Juan. Es también, el legítimo Nacimiento Espiritual del que hablan los brahmanes.

La fabricación del alma, no es un proceso natural o mecánico. Tampoco es producto de la Evolución o la Generación Espontánea. Se realiza con base en enormes súper esfuerzos, de esfuerzos conscientes y padecimientos voluntarios. Esos esfuerzos en un principio, se encaminan al despertar de la conciencia, a la práctica de la no identificación y abandonar el deseo, a huir de la fornicación, a aprender a valorar y retener el Ens Seminis y practicar el “no fornicar“, a vivir el sendero octuple del Budismo, es decir, a practicar, entre otras cosas, el recto pensar, recto sentir, recto actuar. A dar de lo que se tiene, a ser más por lo que se da que por lo que se recibe, a practicar el cristocentrismo, a eliminar el Ego. Poco a poco se debe trabajar en la fabricación de los auténticos cuerpos existenciales superiores del Ser, los legítimos cuerpos espirituales, hasta alcanzar un día, el auténtico nacimiento espiritual o Nacimiento Segundo.

El Gnosticismo Universal unifica y sintetiza todas las enseñanzas aparentemente contradictorias respecto del Alma que se encuentran tanto en pitagóricos, como cristianos, budistas o brahmanes. La sabiduría gnóstica explica que los principios anímicos y espirituales contenidos en la triada: Atman-Budhi-Manas, son inmortales y que la Esencia maravillosa tiene el deber de trabajar sobre sí misma, para convertirse en un Alma auténtica.

Después de la muerte del cuerpo físico o desencarnación, las almas y algunas esencias muy selectas, van a una región superior, denominada cielos por el cristianismo. Es el mundo causal o sexta dimensión. Los paraísos elementales de la Naturaleza. Otros, los decididamente perversos y los fracasados van a la región del “llanto y crujir de dientes”, al Astral inferior o mundos infiernos.

La inmensa mayoría de la humanidad actual, simplemente retorna o transmigra, hasta completar un ciclo matemáticamente definido por la divinidad. Si fracasa, desciende a “las tinieblas exteriores”, a la región infernal, hasta completar el pago de todas sus deudas kármicas y que ocurra la completa disolución del Ego. Completa la pena, la Esencia recibe la oportunidad de iniciar un nuevo ciclo evolutivo hasta que después de miles de años, reingrese de nuevo al cuerpo de un animal intelectual. El proceso de los fracasados es largo y doloroso, hasta que un día se decidan a levantarse y auto realizarse plenamente. En caso contrario, quedarán eternamente en lo que son: simples chispas divinas emanadas del Omnimisericordioso.

Quienes trabajen sobre sí mismos y realicen dentro de sí los tres factores de la Revolución de la Conciencia, al autor realizarse, van ascendiendo jerarquícamente, lograran un día encarnar su Alma y pueden seguir teniendo conquistas espirituales extraordinarias hasta la Auto Realización Íntima del Ser. El camino es lento y difícil, es contra la Naturaleza, no depende de la Evolución o la Involución, es revolucionario ciento por ciento y empieza aquí y en este momento, con la plena decisión de volver al camino perdido.

Los seres humanos auto realizados plenamente, tienen un alma inmortal y algunos de ellos, pueden darse el lujo de inmortalizar también su cuerpo físico, mediante la auténtica Resurrección.

“Entre miles de hombres, tal vez uno intenta llegar a la perfección, entre los que intentan, posiblemente, uno logra la perfección, y entre los perfectos, quizás, uno me conoce perfectamente” Bhagavad Gita.

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