Los goralot hebreos y la tradición de echar suertes

En publicaciones anteriores, nos hemos referido a diferentes métodos hebreos para predecir el futuro, para anticipar y prever acontecimientos del porvenir y que por su medio, elegir la mejor opción. En este blog, hemos dado ya una introducción general a los métodos de predicción en la entrada titulada El arte ciencia de los oráculos. Además, hemos realizado un estudio preliminar a  la ciencia hebrea de la Cábala. El arte ciencia de la Cábala se relaciona con el Tarot. Predice y explica acontecimientos y fenómenos asociados a números, letras, nombres y formas geométricas. Del segundo método de predicción, ya nos referimos también. Son las piedras Urim y Tummim las piedras del oráculo en la Biblia que usaron profetas, reyes y rabinos. En los estudios gnósticos, constituyen métodos de predicción de especial interés, junto a los utilizados por otros pueblos, como el Tzité de los mayas de Guatemala y el I Ching chino; entre otros.

Ya hemos explicado que los rabinos tienen tres tipos de libros complementarios entre sí. El primero es la Biblia o más bien dicho, el Antiguo Testamento: el Tanaj, que incluye la Torá o Pentateuco. Es decir, los primeros cinco libros de la Biblia: Bereshit o Génesis, Shemot o Éxodo, Vayikrá o Levítico, Bemidbar o Números y Devarim o Deuteronomio; así como Nevi’im o Los Profetas, que incluye los libros de los diferentes profetas, como Isaías, Jeremías, Ezequiel y los profetas menores; junto con los libros de Jueces y Reyes. También forma parte del Tanaj, los Ketuvim, es decir, Los Escritos, que incluyen Salmos, Proverbios, el libro de Job, el Cantar de los Cantares, los libros de las mujeres de la Biblia, como Rut y Ester; entre otros. Otros dos libros sagrados entre los hebres, pero poco conocidos, son el Talmud y el Zohar que contiene la Cábala y que a la vez, es el espíritu de la doctrina. Como bien dice la escritora, esoterista y cabalista británica Violet Mary Firth Evans (1890-1946), más conocida como Dion Fortune, en su magnífica obra: “La Cábala mística”: “Esta antigua tradición mística de Los hebreos poseía tres escrituras: los Libros de la Ley y Los Profetas, que se conocen como el Antiguo Testamento; el Talmud, o colección de comentarios eruditos sobre aquél y la Cábala, o interpretación mística del mismo. De estos tres libros, Los antiguos rabís decían que el primero era el cuerpo de la tradición, el segundo su alma racional y el tercero su espíritu inmortal. Las personas ignorantes pueden leer con provecho el primero y Los eruditos pueden estudiar el segundo, pero Los sabios son Los que meditan sobre el tercero. Es realmente muy extraño que el Cristianismo no haya buscado las claves del Antiguo Testamento en la Cábala”.

Nosotros diremos que es lamentable que el Cristianismo haya olvidado la Cábala y el Tarot, y en consecuencia, no haya reencontrado los antiguos métodos de predicción de los hebreos, entre ellos, el derivado del uso consciente de las piedras sagradas de Urim y Tummim o el método de “echar suertes” al que nos referiremos a continuación; a pesar que fue el utilizado por los apóstoles para decidir quien sustituiría a Judas Iscariote o Judas de Cariot, entre los dos candidatos: José, llamado Barsabás, quien tenía por sobrenombre Justo y a Matías. “Y orando dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cual de estos dos has escogido”. (Hch 1:24)  “Y les echaron suertes, y la suerte cayó sobre Matías; y fue contado con los once apóstoles”. (Hch 1:26)

En esta ocasión, dedicaremos este espacio al Goral o Goralot (Goralót), un antiguo sistema que en sus formas degeneradas y burdas; así como mal traducido del Antiguo Testamento, se asocia con lotería y “echar suertes”. La sagrada tradición del goral o goralot, se usaba para para tomar una decisión o elección, por mandato de Jehová en relación con un sino, destino o karma futuro y ante la imposibilidad de poder discernir mediante la razón, cuál sería la decisión correcta en caso de una gran encrucijada, controversia o indecisión. Por eso se lee en Proverbios: “La suerte pone fin a los pleitos, y decide entre los poderosos”. (Pr 18:18)  Goral, en singular, goralot (goralót), en plural.

En varios pasajes del Antiguo Testamento de la Biblia cristiana o del Tanaj, según el Judaísmo, se hace referencia al goral o goralot. Así en Levítico 16, se hace una descripción del famoso ritual hebreo relacionado con el sacrificio del macho cabrío y que en la tradición popular da origen al famoso dicho del “chivo expiatorio” que se enviaba al desierto, durante el sagrado día de la Expiación, el día de Quippúr, más conocido como Iom Quippúr (Iom Kipur o Yom Kipur), en la tradición hebrea y que se relaciona también con El misterio del Bafometo. Corresponde a uno de los días relacionados con el Año Nuevo Judío y a los “diez días terribles”, dedicados al arrepentimiento. Es el día más santo y solemne del calendario judío. Es un día de ayuno y espiritualidad, abstinencia y de reposo total, en el que ni siquiera se permite el aseo corporal; por lo que no es laborable y no se debe ingerir bocado alguno, ni se bebe ninguna clase de líquidos. Todo el día está dedicado a prepararse para recibir el perdón de HaShem (Dios). Durante toda la ceremonia el Sumo Sacerdote debe conservar su pureza desde siete días antes del sagrado día.

Es la conmemoración del perdón, y del arrepentimiento del corazón. Es el día en el que con base en mucha reflexión y oración, se busca la total misericordia divina, así como la reconciliación con el Creador y el perdón por los errores cometidos. Es el tiempo en el que mediante la profunda introspección y meditación se debe adquirir un compromiso serio para realizar cambios de conducta. Para el día de Kippúr, los judíos acostumbran vestir ropa blanca y limpia llamado kitel, similar a la mortaja que se coloca a los fallecidos antes de la sepultura. Resulta oportuno reflexionar en que es una ceremonia de descargo, similar en alguna medida a la confesión cristiana y al pratimokcha budista y está asociada con el trabajo en la muerte mística.

Pero en esta ocasión, nos interesa analizar no tanto el Día de la Expiación, sino un aspecto casi ignorado de dicho ritual. La ceremonia del goral o de echar suertes. Veamos lo que dice la Biblia: “Y hará traer Aarón el becerro de la expiación que es suyo, y hará la reconciliación por sí y por su casa. Después tomará los dos machos cabríos y los presentará delante de Jehová, a la puerta del tabernáculo de reunión. Y echará suertes Aarón sobre los dos machos cabríos; una suerte por Jehová, y otra suerte por Azazel. Y hará traer Aarón el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Jehová, y lo ofrecerá en expiación. Mas el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Azazel, lo presentará vivo delante de Jehová para hacer la reconciliación sobre él, para enviarlo a Azazel al desierto. (Lv 16: 6-10). Este mismo pasaje, en la Vayikrá (versión judía de Levítico, en la Torá o Toráh), sigue más o menos la misma historia con, al menos, un cambio significativo y es que cambia el nombre de Jehová por Adonai.

En los Haftarot del libro de Levítico (Vayikrá) con traducción, supervisión y selección exegética del rabino Marcos Edery, publicado por Editorial Sinai de Tel Aviv, se explica que: “En cuanto a las suertes “goralót”, eso se hacía para distinguir claramente entre los grupos por quienes se haría la expiación, a saber: los cohaním y el pueblo de Israel”. (Vayikrá, 130)

En Números, cuando Jehová da la orden para repartir la tierra, se lee: “Pero la tierra será repartida por suerte; y por los nombres de las tribus de sus padres heredarán. Conforme a la suerte será repartida su heredad entre el grande y el pequeño”. (Nm 26: 55-56) En los Haftarot del libro de Números (Bemidbar) se explica el procedimiento para el reparto: “Pues antes de repartir toda la tierra en cincuenta y siete partidos –acorde al número de los jefes de familia- había que repartir en doce zonas o provincias, acorde al número de tribus. Se procedía de la siguiente manera: se inscribían los nombres de las doce provincias o zonas en doce tablillas que se depositaban en una segunda urna. El encargado, después de mezclar las tablillas de cada urna, sacaba con una mano una tablilla correspondiente al nombre de la tribu, y con la otra, una correspondiente al partido que le sería asignado”. (Bemidbar, 215). En forma similar en la definición de límites y repartición de Canaán, se lee: “Y heredaréis la tierra por sorteo por vuestras familias; a los muchos daréis mucho por herencia, y a los pocos daréis menos por herencia; donde le cayere la suerte, allí la tendrá cada uno; por las tribus de vuestros padres heredaréis”. En el Haftarot del libro de Números (Bemidbar)el comentarista Abarbanel, explica lo siguiente: “Mi opinión es que el “goral” –suerte- indicaba en qué región del país se asentaría cada tribu…”. Esa ordena se sigue ya en tiempos de Josué para la repartición de la tierra: “solamente repartirás tú por suerte el país a los israelitas por heredad, como te he mandado”. (Jos 13:6). “Por suerte se les dio su heredad, como Jehová había mandado a Moisés”. (Jos 14:2). “Y yo os echaré suertes aquí delante de Jehová nuestro Dios”. (Jos 18:6).

En el estudio que se hizo del Urim Tumim se hace mención a la petición del rey Saúl en la que no fue favorecido con la suerte (1 S 14:41-42). En forma similar, se lee en el libro de Jonás, cuando él no quiere obedecer a Jehová que vaya a predicar a Nínive para que se arrepienta de sus pecados, se sube a una barca que ya en el viaje está a punto de hundirse. “Y dijeron cada uno a su compañero: Venid y echemos suertes, para que sepamos por causa de quién nos ha venido este mal. Y echaron suertes, y la suerte cayó sobre Jonás”. (Jon 1:7).

En el Salmo 22, el Salmo profético de la Pasión del Señor, donde está escrito el papel a representar por los diferentes personajes del Drama Cósmico en los acontecimientos finales de Semana Santa en Viernes Santo. Así se lee: “Repartieron entre sí mis vestiduras, y sobre mi ropa echaron suertes” (Sal 22:18), tal como se narra en los cuatro Evangelios canónicos. “Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes, para que se cumpliese lo dicho por el profeta: Partieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes”. (Mt 27:35)

Diversos cabalistas afirman que la ceremonia del goral o goralot, ha sido mal interpretada como lotería o un simple acto de “echar suertes” de una manera mundana o vulgar; como también derivado del acto de echar suertes a las ropas del Señor, se percibe como una práctica perversa e indigna; cuando en realidad, se refiere a la búsqueda del sino, destino o karma. Se busca de esta manera, la intervención divina, cuando no es posible una respuesta racional, donde la mente no puede discernir entre el bien y el mal. En tal sentido lanzar el goral implica una respuesta más allá de la razón, lo que nos lleva a las formas más elevadas del conocimiento: la imaginación, la inspiración y la intuición. La imaginación es la capacidad de ver el ultra de las cosas, lo invisible, los mundos internos. Es la maravillosa facultad de la clarividencia. La inspiración es la capacidad de sentir con la emoción superior las verdades ocultas. La intuición es la capacidad de captar el hondo contenido de la verdad encerrada en un fenómeno. Es la Gnosis Kardias de los místicos del Cristianismo primitivo, la voz del corazón, la voz del Padre interior, del Dios interior, el Ser, Atman o Chesed.

La palabra Goralot, nos recuerda también a Lot, el sobrino de Abraham, de quien se habla en los capítulos 11 al 14 del Génesis, así como en la historia de Sodoma y Gomorra narrada en el capítulo 19. Los filólogos afirman que Lot, etimológicamente, Lot tiene los siguientes significados: el de rostro cubierto, sobre, cubierta y en consecuencia: envuelto, oculto, cubierto, velado, escondido, de color oscuro. Otros dicen que significa piedra o piedrecita. La piedra oculta. De allí, el significado de Goralot que se da a las piedras, piedrecitas, guijarros o trozos de madera que, en la antigüedad, diferentes pueblos semitas, entre ellos, caldeos e israelitas echaban en una vasija. En las piedras habían escrito previamente un asunto a decidir, el nombre de una persona a elegir o cualquier consulta específica. Las piedras las revolvían en la vasija en movimiento y luego sacaban una de ellas, conforme la decisión a tomar. Previo a la “echada de suertes”, “lots” o “goralot”; pedían a Dios su dirección para elegir la piedra correcta. De allí, vendrá la palabra lote, como sinónimo de  la parte procedente de la división de algo que se ha de distribuir entre varias personas, ya sea dinero, objetos , una parcela procedente de la división de un terreno y la palabra lotería, un sorteo tradicional, así como aquellos asuntos cuyo resultado depende de la suerte. Sin embargo, en términos sagrados, Lots o goralot significa heredad, parte, porción que se obtiene por voluntad divina, Dharma o buen karma. Así, en en Proverbios, se lee: “La suerte se echa en el regazo; más de Jehová es la decisión de ella”. (Pr 16:33).

En Crónicas, se narra la distribución de las funciones sacerdotales que tendrían los descendientes de Aaron. “Los repartieron, pues, por suerte los unos con los otros”. (1 Cr 24:5). “La primera suerte tocó a Joiarib, y la segunda a Jedaías, la tercera a Harim, la cuarta a Seorim, la quinta a Malquías, la quinta a Mijamín…(1 Cr 24:7-17). “Estos también echaron suertes, como sus hermanos los hijos de Aarón, delante del rey David, y de Sadoc y de Ahimelec, y de los jefes de las casas paternas de los sacerdotes y levitas; el principal de los padres igualmente que el menor de sus hermanos”. Es notorio que el acto de “echar suertes”, no era, en ningún sentido, un pasatiempo, un acto trivial, un deporte, un entretenimiento, una lotería en el sentido profano actual o un juego de azar; ni implicaba apuestas para obtener ganancias o pérdidas, ni perseguía el enriquecimiento de alguien; sino una ceremonia a la que se le daba el debido respeto. Similar condición se observa en la distribución que hicieran el rey David y los jefes de su ejército en la elección de músicos y cantores “para que profetizasen con arpas, salterios y címbalos”, como se narra en el capítulo 25 del libro primero de Crónicas. “Y echaron suertes para servir por turnos, entrando el pequeño con el grande, lo mismo el maestro que el discípulo”. (1 Cr 25:8). En otro pasaje del citado libro de Crónicas; se narra el uso del mismo procedimiento para la distribución de porteros: “Echaron suertes, el pequeño con el grande, según sus casas paternas, para cada puerta”. (1 Cr 26:13)

En Nehemías, también se narra el uso del método del goralot para el servicio de leña en el templo. “Echamos también suertes los sacerdotes, los levitas y el pueblo, acerca de la ofrenda de la leña, para traerla a la casa de nuestro Dios, según las casas de nuestros padres, en los tiempos determinados cada año, para quemar sobre el altar de Jehová nuestro Dios, como está escrito en la ley”. (Ne 10:34); como también para decidir quién viviría en Jerusalén: “Habitaron los jefes del pueblo en Jerusalén; mas el resto del pueblo echó suertes para traer uno de cada diez para que morase en Jerusalén, ciudad santa, y las otras nueve partes en las otras ciudades”. (Ne 11:1)

En forma similar, hay un hermoso, significativo y profundamente simbólico pasaje narrado en el primer libro de Samuel, relativo al rey Saúl y de su heroico hijo Jonatán; en la guerra contra los filisteos. Saúl ha advertido a su pueblo que no deben comer nada, sino hasta caer la noche y haber vencido a sus enemigos. (1 S 14:24) Sin embargo, Jonatán había tomado la iniciativa y se había lanzado al combate mucho antes de que se diese tal orden (1 S 14:1-15), por lo que la desconocía y cuando todo el pueblo llegó a un bosque  “Pero Jonatán no había oído cuando su padre había juramentado al pueblo, y alargó la punta de una vara que traía en su mano, y la mojó en un panal de miel, y llevó su mano a la boca; y fueron aclarados sus ojos” (1 S 14:27) Luego viene la victoria sobre los filisteos y el pueblo hebreo come carne con sangre (1 S 14:32), por lo que ha transgredido la ley de Moisés. Ante tal situación, “dijo Saúl a Jehová Dios de Israel: Da suerte perfecta. Y la suerte cayó sobre Jonatán y Saúl, y el pueblo salió libre”. (1 S 14:41). Luego, por mediación del pueblo, Jonatán salió libre (1 S 14:45) No podemos dejar de hacer un breve análisis del simbolismo oculto tras estos relatos. Es claro que el pueblo de Israel, es el pueblo que sigue los misterios de Isis y Ra, los misterios de Él, el Ser, el Padre. Los filisteos, a los que hay que vencer y aniquilar, representan a nuestro querido Ego, a los elementos indeseables de conducta que en nuestro interior cargamos, nuestros defectos de carácter, viva personificación de nuestros errores. La vara de Jonatán, es la vara de los profetas, de Mosiés y de Aarón, el báculo de poder, la varita mágica que representa la columna vertebral donde se encuentran ocultos los poderes que divinizan. La miel ese maravilloso producto alquímico elaborado por las abejas, representa el soma, el Prana, el chi, el ens seminis, la energía creadora. La abeja, nos recuerda a Débora, la jueza y profetiza del Antiguo Testamento, mujer de Lapidot (que encierra en su nombre el sagrado IAO) y que recuerda la piedra, la lápida funeraria símbolo ineludible de la muerte del querido Ego, del sí mismo, del mí mismo; Débora, quien acostumbraba sentarse bajo una palmera, símbolo de la columna vertebral por donde sube la energía creadora. Débora, por quien los hijos de Israel subían a consultarle y a someterse a su juicio. El nombre de Débora significa “abeja” o “avispa”. Las abejas, esas pequeñas e incansables obreras, capaces de hacer grandes construcciones geométricas (la gran Obra). Para los antiguos egipcios, la abeja, simbolizaba el alma y estaba asociada a Ra (el Sol). Para san Bernardo, las abejas… son imagen de las almas que saben y pueden elevarse con las alas de la contemplación, que se separan, por decirlo así, de sus cuerpos, igual que el industrioso insecto abandona su colmena para volar hasta el jardín de las celestiales voluptuosidades. Allí encuentran reunidas todas las flores como el más rico de los tesoros, y saborean sus ricas delicias.

La miel de abejas, aparte de sus maravillosas propiedades como alimento sagrado, fue utilizada antiguamente en ceremonias iniciáticas. Así en el culto a Mitra, los sacerdotes daban a probar miel a los iniciados y les hacían lavar las manos con miel. Para los antiguos persas, la miel era parte de la composición del celeste Soma (la bebida sagrada, símbolo de la energía creadora). En el Rig Veda las abejas ofrecen su miel a los Ashwins, y Krishna lleva una abeja azul en la frente. En la mitología de Creta, el dios supremo nacido de la Diosa Madre (Deméter Ceres) fue alimentado en una gruta por una princesa cretense con la leche de Amaltea y la miel de la reina abeja Melisa (cuyo significado también es abeja). El nombre de Débora, también tiene como raíz la palabra hebrea  דבר  (Dabar) que significa palabra, aconsejar, cosa, anunciar, añadir, declarar, someter etc.

Entendido el profundo simbolismo de la miel, se explica el motivo por el cual todo el pueblo judío, todas las masas humanas. no se atreven a probar de esa miel sagrada y en consecuencia mantienen la mente turbada y confundida. Solo los valientes como Jonatán, son capaces de alimentarse con ese manjar exquisito y solo a ellos se les aclara la visión. Por eso, en el diálogo de Jesús y la mujer samaritana, el Señor explica: “Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber, tú le pedirías, y él te daría agua viva” (Jn 4:10) y la manda a llamar a su marido, porque ese santo alimento, se obtiene en pareja: “Ve, llama a tu marido, y ven acá”. (Jn 4:16) Solo mediante, la no fornicación y el sabio aprovechamiento de la energía creadora, se comprende el texto referente a los ríos de agua viva: “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva”. (Jn 7:38) Así como la visión de Ezequiel sobre las aguas salutíferas: “Y toda alma viviente que nadare por dondequiera que entraren estos dos ríos, vivirá”. (Ez 47:9) y en la profecía de Zacarías: “saldrán de Jerusalén aguas vivas, la mitad de ellas hacia el mar oriental, y la otra mitad hacia el mar occidental, en verano y en invierno”. Es claro que la Jerusalén celestial es la nueva ciudad interior, donde una mujer o un hombre auténticos, se habrá liberado de la tiranía del Ego.  Esos dos ríos, esas dos aguas; son los mismos ríos con los que Hércules limpia los establos de Augias en la mitología clásica. Son también “las dos olivas, los dos testigos ante el trono del Señor representados en el caduceo del dios Mercurio, símbolo de la medicina universal.

Después de este paréntesis, con la lectura de todos los párrafos en los que se hace referencia a los goralot, inferimos que este método de “echar suertes”, lots o goralot constituye una ceremonia sagrada, un ritual de teúrgia o “magia blanca superior”, que requería o requiere del uso del poder de la oración, de la oración consciente, de la atención dirigida, de recuerdo de sí o sensación plena de uno mismo, del tercer estado de conciencia, de cierta interiorización, concentración y conexión con el Ser, con el Íntimo, con el Padre interno, con las partes superiores de uno mismo e invocar la voluntad del Padre para obtener la respuesta correcta, cuando el intelecto falla y nos acuerdo posible entre personas.

Así se infiere de la lectura del siguiente pasaje del libro de Ester: “En el mes primero, que es el mes de Nisán, en el año duodécimo del rey Asuero, fue echada Pur, esto es, la suerte, delante de Amán, suerte para cada día y cada mes del año; y salió el mes duodécimo, que es el mes de Adar”. (Est 3:7) Algunos estudiosos afirman que Pur, viene del Asirio y también significa piedra.Es decir, un método de echar suertes, pero no con el consentimiento de Jehová, tal como se lee en “La fiesta de Purim: “Porque Amán hijo de Hamedata agagueo, enemigo de todos los judíos, había ideado contra los judíos un plan para destruirlos y había echado Pur, que quiere decir suerte, para consumirlos y acabar con ellos. Mas cuando Ester vino a la presencia del rey, él ordenó por carta que el perverso designio que aquél trazó contra los judíos recayera sobre su cabeza; y que colgaran a él y a sus hijos en la horca”. (Est 9:24-25)

Los cabalistas explican que “Adar”, viene de la palabra “Aderet”, que significa manto tal como está escrito acerca de Elías (Reyes I 19:19): “y echó sobre él su manto”. “Adéret” es “Adéret Sear” (cabellera), que se discierne como Searot (cabellos) y Dinim (juicios), que son los pensamientos extraños e ideas que surgen a lo largo del trabajo, y que lo distancian a uno del Creador; se cierran los ojos y con ello se nubla el razonamiento para abrir la puerta de la Gnosis o conocimiento por iluminación y revelación divina. En conclusión, el uso del goral, era en tiempos antiguos, uno de los variados procedimientos usados en Israel para conocer el destino en relación con una toma de decisiones donde la razón se nubla y queda ciega.

Fuentes:

http://www.kabbalah.info/es/biblioteca/baal-hasulam-art%C3%ADculos-de-shamati/33-las-suertes-en-yom-kipurim-y-con-ham%C3%A1n

http://www.mercaba.org/DicTF/TF_judaismo.htm

http://www.judaismovirtual.com/nombres/1_valor_nombre.php

https://lascronicasdelmesias.org/2013/04/16/urim-y-tumin-profetas-y-profecia-parte-cuarta/

https://es.wikipedia.org/wiki/Or%C3%A1culo

http://www.angelfire.com/ns2/publicaciones/meditaciones/GORAL.htm

https://wol.jw.org/es/wol/d/r4/lp-s/1200002775

La Santa Biblia. Antiguo y Nuevo Testamento. Antigua versión de Casiodoro de reina (1569) Revisada por Cipriano de Valera (1602). (1960. Sociedades bíblicas unidas.

Levítico (Vayikrá) y Haftarot en versión castellana con traducción, supervisión y selección exegética del rabino Marcos Edery. 1994. Tel Aviv. Editorial Sinai.

Génesis (Bereshit) y Haftarot en versión castellana con traducción, supervisión y selección exegética del rabino Marcos Edery. 1994. Tel Aviv. Editorial Sinai.