Urim y Tummim las piedras del oráculo en la Biblia

En los estudios gnósticos, resulta de especial interés el estudio del Arte ciencia de los oráculos ya que por sus diferentes métodos de predicción, se  puede acceder a la Gnosis o “conocimiento intuitivo de las cosas divinas” o conocimiento de Dios mediante una “visión”, “revelación”, “gracia”, “carisma” o aprehensión de una verdad mediante la experiencia mística. Este es el caso de un método de predicción o consulta poco conocido y que utilizaban profetas, reyes y rabinos hebreos. Así, en el Antiguo Testamento, específicamente en Éxodo, en todo el capítulo 28, se hace referencia a este antiquísimo método de oráculo, predicción o consulta a la divinidad para discernir la voluntad divina: las piedras de Urim y Tummim. En la versión hebrea del Éxodo (Shemot) o segundo libro del Pentateuco o Toráh (Torá), se lee: “Y harás el pectoral de juicio, labor de entretejedor, como la labor del efod lo habrás de hacer: de oro, de púrpura violácea, de púrpura escarlata, de carmesí y de lino fino de hilo torzal lo habrás de hacer. Cuadrado habrá de ser, plegado. Un palmo de longitud y un palmo de anchura (Ex 28: 15-16) Y portará Aharon los nombres de los hijos de Israel en el pectoral de juicio, sobre su corazón, al entrar él al Santuario, por remembranza ante Adonai, siempre. Y pondrás en el pectoral de juicio los Urim y los Tummim y estarán sobre el corazón de Aharon al entrar él ante Adonai y portará Aharon el juicio de los hijos de Israel sobre su corazón, ante Adonai, siempre”. (Ex 28:29-30)

Urim y Tumim se traducen generalmente como luces y perfecciones y de manera más amplia se refiere a las piedras de la revelación y la verdad. Los vocablos se asemejan a los babilónicos urtu y tamitu que significan oráculo e instrucción.

Según la tradición rabínica, se dice que los Urim y Tumim iluminaban la palabra y por su medio salía la perfección de las palabras. El Exégeta hebreo Rashban dijo acerca de las piedras de Urim y Tumim: “Si a las naciones paganas sus oráculos les hablaban a través de un espíritu impuro y de magia, salvando las enormes diferencias, la santidad puede expresarse”. (Toráh, 269)

El procedimiento de consulta permitía tomar decisiones sobre la base de preguntas específicas, que permitieran una respuesta afirmativa o negativa, un sí o un no. Según se entiende, las piedras brillaban o no y en tal sentido se obtenía la respuesta. Si brillaban la respuesta era afirmativa; si daban sombra o permanecían opacas, la respuesta era negativa. En alguna medida como consultar a los dados o a la moneda y obtener la respuesta según dé cara o cruz (escudo) o como ocurre con el I Ching. Por ese motivo, se lee en el Salmo 80: “Oh Dios, restáuranos; haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos”. (Sal 80:3). En tal sentido, la consulta de los Urim y los Tumim se clasifica dentro del tipo de arte ciencia de predicción denominada cleromancia.

El sumo sacerdote usaba estas piedras para averiguar cuál era la voluntad de Dios con respecto a asuntos de dudosa posibilidad, que tenían que ver con el bienestar de la nación. Así se lee en Números: “Y Jehová dijo a Moisés: Toma a Josué hijo de Nun, varón en el cual hay espíritu, y pondrás tu mano sobre él; y lo pondrás delante del sacerdote Eleazar, y delante de toda la congregación; y le darás el cargo en presencia de ellos. Y pondrás de tu dignidad sobre él, para que toda la congregación de los hijos de Israel le obedezca. Él se pondrá delante del sacerdote Eleazar, y le consultará por el juicio del Urim delante de Jehová; por el dicho de él saldrán, y por el dicho de él entrarán, él y todos los hijos de Israel con él, y toda la congregación”. (Nm 27:18-21). Asimismo, en Levítico, se lee que “Entonces Moisés hizo acercarse a Aarón y a sus hijos, y los lavó con agua. Y puso sobre él la túnica, y le ciñó con el cinto; le vistió después el manto, y puso sobre él el efod, y lo ciñó con el cinto del efod, y lo ajustó con él. Luego le puso encima el pectoral, y puso dentro del mismo los Urim y los Tumim”. (Lev 8:6-8). En Nehemías, hay otro versículo alusivo a los Urim y Tumin: “Y les dijo el gobernador que no comiesen de las cosas más santas, hasta que hubiese sacerdote con Urim y Tumim”. (Neh 7:65).

En el primer libro de Samuel, se hace referencia implícita a la consulta a la divinidad mediante este tipo de oráculo. Así se lee que Saúl hizo consulta a Jehová “Da suerte perfecta. Y la suerte cayó sobre Jonatán y Saúl, y el pueblo salió libre. Y Saúl dijo: Echad suertes entre mí y Jonatán mi hijo. Y la suerte cayó sobre Jonatán (1 S 14:41-42). Como también David “Y dijo David: Jehová Dios de Israel, tu siervo tiene entendido que Saúl trata de venir contra Keila, a destruir la ciudad por causa mía. ¿Me entregarán los vecinos de Keila en sus manos? ¿Descenderá _Saúl, como ha oído tu siervo? Jehová Dios de Israel, te ruego que lo declares a tu siervo. Y Jehová dijo: Sí, descenderá”. (I S 23:10-11). “Y consultó Saúl a Jehová; pero Jehová no le respondió ni por sueños, ni por Urim, ni por profetas”. (I S 28:6)

Al igual que con otros oráculos, se requería de preparación espiritual especial para recibir la respuesta, es decir, elevados estados de conciencia, intuición y clarividencia. En este sentido, es importante ampliar la explicación acerca de los oráculos usados antiguamente por los profetas, rabinos y reyes registrados en el Tanaj o Antiguo Testamento. Todos ellos usaban las piedras del Urim y Tumin, además de la Cábala de predicción, interpretando el significado astral de los números y formas geométricas, así como la interpretación onírica (los sueños proféticos, altamente simbólicos) y la Gnosis o conocimiento por intuición y revelación. Además, como se infiere en el versículo ya anotado de Nehemías, el oficiante debía comer cosas santas y habría de ser una persona piadosa: “A Leví dijo: Tu Tumim y tu Urim sean para tu varón piadoso”. (Dt 33:8)

En el capítulo titulado Pkude, en El Zohar, se lee: “R. Abba era un visitante frecuente de R. Simeon. Una vez le dijo: Respecto de los Urim y Tumim que se debían poner en el pectoral, hemos aprendido que se los llamaba Urim (luces) porque sus palabras eran una clara y directa respuesta que se les dirigía; y Tumimtamim, perfecto, completo— porque sus palabras se cumplían a la perfección. Y bien, parece que hubiera algo más por conocer acerca de este recóndito asunto. R. Simeon dijo: Seguramente es así. El pectoral y el efod corresponden a los Urim y Tumim, y estos, a su vez, a las filacterias (te f ilim) y al lazo de las filacterias. li. Simeon citó aqui el versículo: “Y verás mi espalda, mas mi rostro no será visto” 3985. Dijo: Esto significa que el Santo, Bendito Sea, hizo que Moisés viera el lazo de las filacterias, pero no las filacterias mismas. “Mi rostro” señala las filacterias que contienen el sublime misterio del Nombre Divino, mientras que “mi espalda” incluye el misterio contenido en el lazo de las filacterias. Como saben los Compañeros, el primero designa el brillante espejo, y el segundo designa el espejo opaco. Así, en correspondencia, Urim significa las palabras iluminadas, mientras que Tumim señala las palabras en su cumplimiento. La misma correlación mística se encuentra entre “voz” y “lenguaje”: pues la voz ilumina al lenguaje a pronunciarse, mientras que el lenguaje trae el acabamiento de la palabra, y los dos están indisolublemente fusionados entre sí. Concluyo: El pectoral y el efod corresponden, así, respectivamente, al “rostro” y a la “espalda”, siendo los dos uno e inseparable”.(Zohar, pp 889-.890)

Más adelante, se lee: “está escrito: “y pondrás dentro del pectoral del juicio el Urim y el Tumim”. El término Urim (literalmente, luz, iluminación) significa el espejo luminoso, que consistía en cl grabado del Nombre Divino compuesto de cuarenta y dos letras por las que el mundo fue creado; mientras que el Tumirn consistía del no luminoso espejo hecho del Nombre Divino según se manifiesta en las veintidós letras. La combinación de ambos se llama Urim y Tumim. Observad que por el poder de estas letras hundidas, las otras letras, es decir, las letras levantadas formaban los nombres de las tribus, ya iluminados, ya oscurecidos. Las letras del Nombre Divino abarcan el misterio de la Tora, y todos los mundos son una proyección del misterio de estas letras”. (ibid, 898)

Un pasaje muy interesante del Zohar, relativo a los Urim y Tummin, hace referencia a la necesidad del matrimonio para todo sacerdote. “A un sacerdote que no tiene mujer le está prohibido efectuar el servicio, como está escrito, “Y el hará expiación por sí y por su casa”. R. Isaac dijo que la razón es que la Schejina no mora con uno que no es casado, y el, sacerdote en especial debe ser uno con quien mora la Schejina. Junto con la Scheiina se posa sobre los sacerdotes Teced (Gracia) Y se los llama Jasidim, (dotados de gracia), v como tales corresponde que bendigan al pueblo. Asi la Escritura dice: “Y tus santos (jasi= lita) te bendecirán”: también “Tus Tumin v tus Urim estarán con tu santo (jasid)”. (op. Cit 1067)

En este sentido es oportuno hacer una aclaración importante. En el Cristianismo y Judaísmo se advierte de no consultar con adivinos; pero no se dice lo contrario de la consulta con profetas. Así, en Zacarías, se lee: “Porque las imágenes han hablado vanidad, y los adivinos han visto mentira, y han hablado sueños vanos, en vano consuelan. Por lo cual se fueron ellos como ovejas, y fueron humillados porque no tuvieron pastor”. (Vers. 2. Cap. 10. ZACARÍAS).

Es imprescindible hacer diferenciación entre los adivinos y los profetas. Eliphas Levi, dice lo siguiente: “Adivino viene de la palabra divinaris, divinus, que significa ejercer la divinidad”. Pero se le olvidó al Abate Alfonso Luis Constant la partícula A, que precede a la palabra divino. Sin embargo, la Gramática dice lo siguiente: A, preposición que denota separación, alejamiento, Vg. Teo, significa Dios, pero si le anteponemos la partícula A, formamos la palabra ATEO, con el que denominamos al que no cree en Dios. Adivino, representa precisamente lo contrario de lo divino, es decir, lo diabólico. Apolítico, significa un individuo no político. Si leemos la Biblia cuidadosamente, no encontramos una sola palabra a favor de los adivinos.

Cuando el rey Nabucodonosor mandó a llamar magos, astrólogos, adivinos y encantadores para que le adivinaran el sueño de la estatua, no hubo un solo adivino que revelase al rey este arcano, solo un profeta de Dios respondió delante del rey y dijo. “El misterio que el rey demanda, ni sabios, ni astrólogos, ni magos, ni adivinos, lo pueden enseñar al rey”. “Mas hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios, y Él ha hecho saber al rey Nabucodonosor lo que ha de acontecer al cabo de días”.  Esto es textual del capítulo segundo del Libro de Daniel, e invita a meditar Daniel el profeta del Dios vivo, fue el único que pudo revelarle el sueño a Nabucodonosor.

Los adivinos son videntes tenebrosos, son magos negros o en todo caso médiums, charlatanes o farsantes. Los profetas son videntes de la luz, son magos blancos. Los adivinos ven las imágenes del abismo, y sueñan sueños del abismo, con los cuales pronostican acontecimientos que pueden fallar, porque no todas las veces cristalizan en el mundo físico las imágenes tenebrosas del abismo. Las escenas tenebrosas del abismo, son realmente en el abismo, pero no siempre cristalizan en el mundo físico. Los profetas son videntes de la luz, varones y mujeres de Dios iluminados por el Espíritu Santo, y sus pronósticos son exactos porque sus glándulas pineal y pituitaria están totalmente iluminadas por el fuego sagrado.

Los chelas de la fraternidad blanca son aprendices, son discípulos de los profetas, y por ello pueden servir de mensajeros de los profetas, y hablar palabra de los santos Maestros a los hombres. Para ser profeta se necesita recibir el Espíritu Santo. Empero, los discípulos de la Logia Blanca, que viven conforme al sendero óctuple del Budismo (recto sentir, recto pensar, recto actuar, entre otros); son fieles al Cristo y viven en castidad; son mensajeros de los profetas y discípulos de los profetas.

El arte ciencia de los oráculos

“que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad

lo que aún no era hecho; que digo: 

Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero”

(Is 46:10)

Un oráculo es un pronóstico o predicción de algo que ocurrirá en el futuro. Es una respuesta de la divinidad dada por sacerdotes, sacerdotisas, pitias o pitonisas (sacerdotisas de Apolo), canalizadores, profetas o expertos. Estos sirven de mediadores entre el consultante y la divinidad (el Ser, el Íntimo, Chesed, Atman, el Padre interno, Dios en nosotros) mediante la intuición o voz del corazón.

La persona que sirve de intermediaria, ya sea sacerdote o sacerdotisa, pitia o pitonisa, sibila, profeta, gurú, guía espiritual o simplemente una persona con conocimientos prácticos relativos a las claves del oráculo; ha desarrollado las tres formas de conocimiento interior, como lo son la imaginación creadora, la inspiración y la intuición. La Teomancia, el don de la profecía a través de los auténticos oráculos y métodos de predicción permitidos por la divinidad, constituye motivo de aprendizaje, reflexión y práctica en los estudios gnósticos. El don de la profecía mediante la interpretación de oráculos, forma parte de los principios y vida cotidiana en la cosmovisión gnóstica y constituye una amalgama de arte y ciencia esotéricas, una sabia combinación holística y transdisciplinar de saberes.

La interpretación de oráculos, no debe confundirse con el trabajo de adivinadores, prestidigitadores o magos de espectáculo o con médiums y personas que para dar sus respuestas consultan a los ídolos del Antiguo Testamento, al Ego o entidades negativas del submundo o bajo mundo astral. En toda la historia ha habido también adivinaciones de este tipo, como las que realizaban los habitantes de Siria y de Judea mediante sacrificios humanos repugnantes; auténticos trabajos de magia negra

En la antigüedad varios pueblos, entre ellos, los griegos y romanos buscaban la respuesta de la divinidad ante una consulta, generalmente, a través de un intermediario y en un lugar sagrado. Fue famoso el oráculo de Apolo en Delfos, el de la Sibila de Cumas, el de Heliópolis y el de Amón Ra en el oasis de Siwa, en el antiguo Egipto. Hay múltiples y variados oráculos. Incluso animales, plantas o piedras, pueden servir de intermediarios, como una bastante curiosa y singular en la actualidad descrita por Jesús Iglesias Janeiro, en su Cábala de predicción, acerca de los cocodrilos, en las islas del lago Victoria Nyanza. Platón, menciona a los oráculos en varios de sus Diálogos. Así, en el Fedro, pone en labios de Sócrates que “los sacerdotes del santuario de Júpiter en ‘Dodona’ decían que los primeros oráculos salieron de una encina”. En dicho diálogo, el gran sabio, hace mención al oráculo de Ammón. Platón en La República, cita el oráculo dado al último rey de Lidia, Creso: escapa a lo largo del Hermo pedregoso sin miedo a que alguno le llame cobarde.

 Platón, vuelve a citar el oráculo de Ammón, en el Segundo Alcibíades, en relación con una consulta que hicieran los atenienses, quienes no entendían por qué los lacedemonios (espartanos), siempre les vencían en batalla, a pesar que los atenienses frecuentemente ofrecían a los dioses grandes procesiones, ofrendas y sacrificios. Sócrates, narra y explica ampliamente la respuesta breve del oráculo: “He aquí lo que Ammón responde a los atenienses: que estima más las bendiciones de los lacedemonios que todos los sacrificios de los atenienses. El profeta no dijo más. Por estas bendiciones de los lacedemonios entendía, a mi juicio, sus oraciones, que en efecto difieren de las de los demás pueblos; porque todos los otros griegos, ya ofrezcan toros con sus cuernos dorados, o ya consagren ricas ofrendas, piden en sus oraciones todo lo que les sugieren las pasiones, sin averiguar si son bienes o males. Pero los dioses que oyen sus blasfemias, no agradecen sus procesiones ni sus sacrificios suntuosos. Se necesita, a mi parecer, mucha precaución y mucha atención para saber lo que se debe decir y lo que se debe callar. En Homero encontrarás un ejemplo semejante al precedente: Mientras construían un fuerte, dice, los troyanos ofrecían a los inmortales grandes hecatombes, y los vientos llevaban de la Tierra al Cielo un olor agradable; y sin embargo los dioses se negaron a gustarlo, porque tenían aversión a la ciudad sagrada de Troya, a Príamo y al pueblo de este rey hábil en el manejo de la lanza. Y así, en vano era hacer sacrificios y ofrecer dones a los dioses, que les aborrecían; porque no es posible, dada la naturaleza de los dioses, dejarse corromper por presentes como un codicioso usurero; y seriamos unos insensatos, si pretendiéramos por este medio hacernos más agradables a sus ojos que los lacedemonios”.

Son muchas las referencias históricas en los distintos pueblos, en los que se habla de un anuncio, un destino manifiesto, una nabia, profecía u oráculo de algo que acontecerá, de ciertos signos que aparecerán en determinado momento. Tal es el caso de la peregrinación mexica y el oráculo de Aztlán, en el que se encontrarán con el águila sobre el nopal, devorando una serpiente.

La tradición esotérica relativa a los oráculos es antiquísima. Samael Aun Weor, en su obra Curso Zodiacal, explica que: “En la Atlántida existieron siete oráculos importantes en el mundo físico, donde los hombres estudiaban la sabiduría de las estrellas y consultaban a los dioses siderales. Los guardianes de esos misterios eran grandes iniciados. En el oráculo de Marte se enseñaba el ocultismo marciano; en el oráculo de Júpiter, la religión jupiteriana; en el oráculo de Venus, las artes, sabiduría venusina; en el oráculo de Saturno, la sabiduría de Saturno; en el oráculo de la Luna, el ocultismo lunar; en el oráculo de Mercurio, la sabiduría mercuriana; y en el oráculo solar, nuestra sabiduría gnóstica. Los antiguos sacerdotes enseñaban a sus discípulos a interpretar las señales del firmamento; esas señales se interpretan basándonos en la ley de las analogías filosóficas”.

Es frecuente el lenguaje simbólico, alegórico, en clave, de los oráculos para que quien “tenga el entendimiento, que entienda”. Es mediante el lenguaje de la intuición, de la Gnosis Kardias, la Gnosis del corazón, que se expresan e interpretan los oráculos. En este sentido, Pedro Ouspensky, en su obra Un Nuevo modelo del Universo cita a Oswald Wirth, quien en su libro Le Symbolisme Hermetique, habla del lenguaje de los símbolos de una manera muy interesante:

“Un símbolo puede estudiarse siempre desde un número infinito de puntos de vista, y cada pensador tiene el derecho de descubrir en el símbolo un significado nuevo de acuerdo con la lógica de sus propias concepciones. En realidad la finalidad de los símbolos es la de despertar ideas que duermen en nuestra conciencia. Despiertan un pensamiento por medio de la sugestión y hacen que la verdad que se encuentra oculta en lo profundo de nuestro espíritu salga a la luz. Para que los símbolos puedan hablar, es esencial que tengamos en nosotros mismos los gérmenes de las ideas, cuya revelación constituye la misión de los símbolos. Pero no es posible ninguno revelación si la mente se encuentra vacía, estéril e inerte. “Por esta razón los símbolos no llegan a todo el mundo, no pueden hablar a todas las gentes. Rehúyen especialmente a las mentes que se precian de ser positivas y que basan su razonamiento solo en inertes formulas científicas y dogmáticas. La utilidad práctica de estas fórmulas no puede discutirse, pero desde el punto de vista filosófico son la expresión solo del pensamiento estático, artificialmente limitado, inmóvil a tal grado, que parece estar muerto en comparación con el pensamiento vivo, indefinido, complejo y móvil, que se refleja en los símbolos. “Queda perfectamente claro que los símbolos no han sido creados para expresar aquello a lo que se llama verdades científicas. “Por su propia naturaleza los símbolos deben permanecer elásticos, vagos y ambiguos, como los designios de un oráculo. Su papel es descubrir misterios, dejando a la mente toda su libertad”.

Volviendo a la predicción mediante la consulta a la encina y a las piedras, el ocultista francés Alphonse Louis Constant, más conocido como el abate Constant o Eliphas Levi, en su obra: El libro de los esplendores, cita al sueco Emanuel Swedenborg, “ese místico admirable, sostenía que el Universo es, en realidad, un hombre inmenso, con cabellos luminosos, brazos y piernas estrelladas; que este hombre está hecho tan inmenso y tan brillante que ningún ojo humano puede verle. Aun en nuestros días, los mormones se imaginan que el Universo es limitado, y que Dios, bajo la forma de un hombre gigantesco que ocupa el centro, está sentado sobre una colosal Urim-Thumin, es decir, sobre dos piedras talladas en innumerables facetas, en las que ve reflejarse cuánto pasa en los mundos. En tal sentido no son más progresivas que los escandinavos, quienes sientan a Odín sobre una encina, por cuyo tronco una ardilla sube y baja sin cesar para decirle al oído cuánto ocurre en el Universo”.

Respecto de las piedras que funcionan como oráculo, el Kalki Avatar, en su obra Las tres montañas, anota lo siguiente: “Incuestionablemente las «piedras animadas» que en la antigua Arcadia modificaron radicalmente la forma de pensar del sabio Pausanias (historiador y geógrafo griego), pueden ser clasificadas en dos clases: ophites y siderites, la «piedra-serpiente» y la «piedra-estrella». Eusebio, especialmente, nunca se separaba de sus ophites que llevaba en su seno, y recibía oráculos de ellas, proferidos por una vocecita que se parecía a un tenue silbido. Arnobio cuenta que siempre que encontraba una piedra de estas, no dejaba de dirigirle alguna pregunta que ella contestaba con una vocecita clara y aguda”.

El Presidente fundador de las instituciones gnósticas, amplía la explicación de las “piedras parlantes”, en su obra Mensaje de Navidad 1968-69, La Magia de las runas: “En los antiguos tiempos existieron gigantescas piedras que andaban, hablaban, pronunciaban oráculos y hasta cantaban. La “piedra de Cristo”, la “roca espiritual” que, seguía a Israel, escrito está que se convirtió en Jupiterlapis devorado por su padre Saturno bajo la forma de un pedernal. Si no hubieran existido gigantes que moviesen rocas tan colosales, jamás hubieran tenido realidad, un Stonehenge, un Carnac (Bretaña), y otras semejantes construcciones ciclópeas. Si en los tiempos idos, no hubieran existido sobre la faz de la Tierra, la verdadera y legítima ciencia mágica, jamás hubiera habido tantos testimonios de piedras, “oraculares y parlantes”. En un poema atribuido a Orfeo, estas piedras son divididas en ophites y siderites, la «piedra-serpiente» y «piedra-estrella».

La ophites es áspera, dura, pesada, negra, y tiene el don del habla; cuando uno va a tirarla, produce un sonido semejante al grito de un niño. Por medio de esta piedra fue como Heleno predijo la ruina de Troya, su querida patria”.

“Antiquísimos documentos sagrados afirman que Eusebio jamás en la vida se separaba de sus ophites y que recibía oráculos de ellas, proferidos por una vocecita que se a un tenue silbido, el mismo que escuchó Elías o Elijah después del terremoto en la boca de la cueva. La famosa piedra de Westminster era llamada Laifail, la “piedra parlante ” y solo elevaba su voz para nombrar al rey que debía ser elegido. Esa piedra tenía una inscripción borrada ahora por el polvo de los siglos que decía: ni fallat fatum, scoti quocumque locatum invenient lapidem, regnasse tenenturibiden. Suidas, habla de un hombre, que podía distinguir de una ojeada, las piedras inanimadas de las que estaban dotadas de movimiento. Plinio menciona piedras que se apartaban cuando una mano se aproximaba a ellas. Las piedras monstruosas de Stonehenge eran llamadas antiguamente chior-gaur o el “baile de los gigantes”.

“Varios autores muy eruditos hablando sobre las ruinas de Stonehenge, Carnac y West Hoadley, dan informes maravillosos sobre este asunto tan especial. En esas regiones se encuentran inmensos monolitos, pesando algunos sobre 500 000 kilogramos. Fueron los “gigantes” de los antiguos tiempos quienes pudieron un día levantar esas moles, colocarlas en forma simétrica perfecta, y asentarlas con tan maravilloso equilibrio que parece que apenas tocan el suelo, y que aun cuando el contacto más ligero de un dedo las pone, en movimiento, resistirían, sin embargo, la fuerza de veinte hombres que intentasen desplazarlas. Fueron “gigantes” los que transportaron las piedras para la construcción de las pirámides de Egipto. La “piedra oscilante”, fue un medio de adivinación usado por los gigantes, pero ¿por qué oscilan? Las más enormes de ellas son, evidentemente, reliquias de los atlantes; las más pequeñas, como las “rocas de Brimham”, son piedras giratorias en su cúspide, son copias de los lithoi más antiguos”.

Los escritos clásicos abundan en referencias a los oráculos. Así, en la tragedia de Sófocles: Edipo rey, se lee el siguiente canto: “¡Oh dulce oráculo de Zeus! ¿Con qué espíritu has llegado desde Pito, la rica en oro, a la ilustre Tebas? Mi ánimo está tenso por el miedo, temblando de espanto, ¡oh Dios, a quien se le dirigen agudos gritos, Delios, sanador! Por ti estoy lleno de temor. ¿Qué obligación de nuevo me vas a imponer, bien inmediatamente después del transcurrir de los años? Dímelo, ¡oh hija de la áurea esperanza, palabra inmortal! Sabido es que el oráculo de Apolo anunció la tragedia de Edipo, quien mataría a su padre y se casaría con su madre. De esa cuenta, la ciudad fue castigada con un extraño karma y resultó sacudida por una peste. Edipo envía a su cuñado, Creonte a consultar “a la morada Pítica de Febo, a fin de que se enterara de lo que tengo que hacer o decir para proteger esta ciudad.” Es decir, lo envió a consultar al oráculo de Apolo en Delfos.

En labios de Creonte, se escucha la respuesta del oráculo: “Diré las palabras que escuché de parte del dios. El soberano Febo nos ordenó, claramente, arrojar de la región una mancilla que existe en esta tierra y no mantenerla para que llegue a ser irremediable… Con el destierro o liberando un antiguo asesinato con otro, puesto que esta sangre es la que está sacudiendo la ciudad”. El oráculo manda entonces castigar al asesino de Layo, el anterior rey. Piden al clarividente Tiresias que devele el misterio. Tiresias le explica a Edipo que el mismo soberano es el azote impuro de esa tierra, por ser el asesino del rey anterior y porque. ha estado conviviendo muy vergonzosamente, sin advertirlo, con los que le son más queridos.

Yocasta, madre y esposa de Edipo le narra el oráculo que fue revelado a Layo, su primer esposo y la forma en que le dieron muerte: “Una vez le llegó a Layo un oráculo -no diré que del propio Febo, sino de sus servidores- que decía que tendría el destino de morir a manos del hijo que naciera de mí y de él. Sin embargo, a él, al menos según el rumor, unos bandoleros extranjeros le mataron en una encrucijada de tres caminos. Por otra parte, no habían pasado tres días desde el nacimiento del niño cuando Layo, después de atarle juntas las articulaciones de los pies, le arrojó, por la acción de otros, a un monte infranqueable”.

Edipo, narra a la vez, su propia historia y cómo, huyendo del oráculo, vino a cumplir el destino manifiesto. “Mi padre era Pólibo, corintio, y mi madre Mérope, doria. Era considerado yo como el más importante de los ciudadanos de allí hasta que me sobrevino el siguiente suceso, digno de admirar, pero, sin embargo, no proporcionado al ardor que puse en ello. He aquí que en un banquete, un hombre saturado de bebida, refiriéndose a mí, dice, en plena embriaguez, que yo era un falso hijo de mi padre. Yo, disgustado, a duras penas me pude contener a lo largo del día, pero, al siguiente, fui junto a mi padre y mi madre y les pregunté. Ellos llevaron a mal la injuria de aquel que había dejado escapar estas palabras. Yo me alegré con su reacción; no obstante, eso me atormentaba sin cesar, pues me había calado hondo. Sin que mis padres lo supieran, me dirigí a Delfos, y Febo me despidió sin atenderme en aquello por lo que llegué, sino que se manifestó anunciándome, infortunado de mí, terribles y desgraciadas calamidades: que estaba fijado que yo tendría que unirme a mi madre y que traería al mundo una descendencia insoportable de ver para los hombres y que yo sería asesino del padre que me había engendrado. Después de oír esto, calculando a partir de allí la posición de la región corintia por las estrellas, iba, huyendo de ella, adonde nunca viera cumplirse las atrocidades de mis funestos oráculos”.

“En mi caminar llego a ese lugar en donde tú afirmas que murió el rey. Y a ti, mujer, te revelaré la verdad. Cuando en mi viaje estaba cerca de ese triple camino, un heraldo y un hombre, cual tú describes, montado sobre un carro tirado por potros, me salieron al encuentro. El conductor y el mismo anciano me arrojaron violentamente fuera del camino. Yo, al que me había apartado, al conductor del carro, le golpeé movido por la cólera. Cuando el anciano ve desde el carro que me aproximo, apuntándome en medio de la cabeza, me golpea con la pica de doble punta. Y él no pagó por igual, sino que, inmediatamente, fue golpeado con el bastón por esta mano y, al punto, cae redondo de espaldas desde el carro. Maté a todos. Si alguna conexión hay entre Layo y este extranjero, ¿quién hay en este momento más infortunado que yo? ¿Qué hombre podría llegar a ser más odiado por los dioses, cuando no le es posible a ningún extranjero ni ciudadano recibirle en su casa ni dirigirle la palabra y hay que arrojarle de los hogares? Y nadie, sino yo, es quien ha lanzado sobre mí mismo tales maldiciones. Mancillo el lecho del muerto con mis manos, precisamente con las que le maté. ¿No soy yo, en verdad, un canalla? ¿No soy un completo impuro? Si debo salir desterrado, no me es posible en mi destierro ver a los míos ni pisar mi patria, a no ser que me vea forzado a unirme en matrimonio con mi madre y a matar a Pólibo, que me crio y engendró. ¿Acaso no sería cierto el razonamiento de quien lo juzgue como venido sobre mí de una cruel divinidad? ¡No, por cierto, oh sagrada majestad de los dioses, que no vea yo este día, sino que desaparezca de entre los mortales antes que ver que semejante deshonor impregnado de desgracia llega sobre mí!”

Entre los himnos homéricos, en el Himno a Apolo, se lee: “Tenga yo la cítara amiga y el curvado arco, y con mis oráculos revelaré a los hombres la verdadera voluntad de Zeus”.

De los oráculos caldeos, la ocultista y escritora inglesa Violet Mary Firth Evans; más conocida como Dion Fortune, en su obra: La sacerdotisa del mar, cita la siguiente frase: “así dicen los oráculos caldeos: “El hombre sabio mira hacia la Naturaleza y contempla en ella el rostro luminoso del Eterno, y la naturaleza humana —me contaba— es una parte de la Naturaleza, y se aprende bastante sobre ella, la Naturaleza y los dioses si lo estudias”.

Platón, en la Apología de Sócrates narra que Jenofonte acudió a Delfos y se atrevió a preguntar a la pitia si habría en Atenas hombre más sabio que Sócrates, a lo que la pitia respondió que no había nadie más sabio. Muy oportuno resulta citar nuevamente a Platón, quien en el Primer Alcibiades, pone también en labios de Sócrates, las siguientes palabras acerca de Delfos y la Gnosis: “Así, mi querido Alcibiades, sigue mis consejos, y obedece al precepto que está escrito en el frontispicio del templo de Delfos: Conócete a ti mismo”. Frase que repite en el Protágoras: consagraron a Apolo, como primicias de su sabiduría, estas dos sentencias que están en boca de todo el mundo y que hicieron que se fijaran en la portada del templo de Delfos: Conócete a ti mismo y nada en demasía. ¿Por qué os he referido todo esto? Es para haceros ver que el carácter de la filosofía de los antiguos consistía en cierta brevedad lacónica. (Platón, 129)

 Virgilio, en la Narración de los viajes de Eneas, en el libro III de su Eneida, al narrar el éxodo de los sobrevivientes troyanos a la guerra con Grecia, en búsqueda de la tierra prometida, narra cómo Eneas y su tripulación en su viaje divisan la isla del oráculo de Delfos. “En medio del mar, se alza una frondosa isla, tierra sagrada, gratísima a la madre de las Nereidas y a Neptuno egeo; errante en otro tiempo por los mares de playa en playa, el dios flechador, compadecido, la fijó entre Micón y la alta Giaro, concediéndole que permaneciese inmoble y arrostrase el furor de los vientos. Allí vamos a parar, aquella apacible isla nos recibe, fatigados navegantes, en su seguro puerto. Ya desembarcados, saludamos con veneración la ciudad de Apolo, Anio, rey de aquellos pueblos y al mismo tiempo sacerdote de Febo, ceñidas las sienes de la real diadema y del sacro laurel, nos sale al encuentro y reconoce a su antiguo amigo Anquises; nos damos las manos en señal de hospitalidad y le seguimos a su palacio. Voy luego a adorar a Apolo en su templo, labrado de vetustas piedras. «Concédenos», le dije, «¡oh Timbreo! morada propia…»” (Virgilio, 35, 36)

 El Avatar de la Era de Acuario, en su obra Mensaje de Navidad 1968-69 –La magia de las runas, comenta la consulta que hicieran Eneas y los troyanos sobrevivientes a la guerra de Troya: “Reverendísimo lugar al que llegó Eneas: ¡Delos! Lugar de arcaicas leyendas hiperbóreas que se esconden como piedras preciosas en el fondo profundo de todas las edades. Y protestando en tierra, mordiendo el polvo de los siglos, invocó dentro del sagrado recinto a Apolo, el dios del fuego, suplicándole con su adolorido corazón que protegiera a la ciudad que iba a fundar, la segunda Pérgamo troyana. Dice la historia que este ínclito varón, consultó a Apolo sobre el lugar que le designaba para establecerse. Entonces la tierra tembló espantosamente. El héroe y su gente, agazapados y abrazados al suelo, poseídos de un misterioso temor, escuchó y escucharon todos, la terrible voz de Febo Apolo que decía “¡Fuertes descendientes de Dárdano! Para estableceros de modo perdurable habéis de buscar la tierra de donde sois originarios; la primera que os ha llevado en su seno. Ahí la estirpe de Eneas dominará todo el país, y los hijos de sus hijos, y los que nazcan de aquellos”. Cuenta el épico líder, que después de escuchar el Oráculo de Apolo, lleno de preocupación, pensaba en cuál podía ser la tierra más remota de su origen…” Es entonces, cuando Anquises, su anciano padre confunde la profecía y los motiva para asentarse en Creta.

El Buda Maitreya comenta de esta manera, cómo tiempo después el héroe llegó  la correcta interpretación del oráculo: “En la mente de Eneas, furibunda, se desató la tempestad del pensamiento, y desesperado como un náufrago, agarrado a la roca cruel, pensó en regresar al santuario de Apolo, el Dios del Fuego, para consultar el oráculo nuevamente. Pero aquélla misma noche, en esas horas deliciosas en que el cuerpo duerme y el alma viaja por los mundos superiores fuera del organismo físico, se encontró Eneas con sus dioses penates; los genios tutelares de su familia, los jinas o ángeles de Troya. Y hablaron los señores de la llama: “No es necesario, hijo, que regreséis navegando a donde está el oráculo de Apolo, interpretasteis mal la profecía. Vuestra patria de origen no es Creta, sino Hesperia, la antigua tierra que ahora llaman Italia. De ahí salieron los antiguos fundadores de la raza de Troya, el héroe dárdano y su antepasado Jasio. Anda y relátale a tu padre esta noticia”.

“Y sorprendido su padre recordó entonces a Casandra, la profetisa troyana, esa pobre mujer que había dicho lo mismo antes de la destrucción de la soberbia llión, y a quien nadie hizo caso pues Apolo la tenía castigada. Esa noble mujer que se llamaba Casandra, tan adorada y bendecida pagó un tipo de karma muy singular, por mal uso de sus divinales facultades en vidas anteriores. Y cuenta la leyenda de los siglos, que Eneas y su gente, sin perder más tiempo se hizo nuevamente a la mar, rumbo a las tierras del Lacio”. En la Eneida, se encuentran las siguientes palabras del anciano Anquises: “Hijo mío, trabajado por los adversos hados de Ilión, Casandra era la única que me presagiaba estos sucesos y ahora recuerdo que presagió a mi linaje la posesión de un imperio, al que unas veces daba el nombre de Hesperia, otras el de Italia; pero ¿quién habría de creer que los teucros irían a las playas de Hesperia? O ¿a quién entonces hacían fuera los vaticinios de Casandra? Rindámonos a Febo, y persuadidos de su oráculo, sigamos mejores rumbos”. (Virgilio, 38)

 Respecto de la relación entre Platón y los sacerdotes egipcios, Eliphas Levi, en su Historia de la magia, apunta lo siguiente: “La doctrina de Platón hizo época en la historia del género humano, pero él no la inventó, pues, comprendiendo que fuera de la religión la verdad no existe, acudió para consultar a los sacerdotes de Memfis y obtener la iniciación en sus Misterios. Incluso se le acredita un conocimiento de los libros sagrados judíos. En Egipto, su iniciación pudo ser solo imperfecta, porque los sacerdotes de entonces habían olvidado el significado prístino de los jeroglíficos, como lo indica la historia de aquel sacerdote que pasó tres días descifrando una inscripción hierática de la tumba de Alcmene, enviado por Agesilao, rey de Esparta. Cornufis, que sin duda era el más erudito de los hierofantes, consultó las viejas recopilaciones de signos y caracteres; al fin descubrió que la inscripción estaba hecha en la escritura de Protheus, que es el nombre griego del Libro de Thoth, consistente en jeroglificos móviles, capaces de variaciones tan numerosas como combinaciones posibles de caracteres, números y figuras elementales. Pero el Libro de Thot, al ser la clave de los oráculos y la obra elemental sobre ciencia, no hubiera implicado tan prolongada indagación antes de ser identificados sus signos, si Cornufis hubiese sido realmente experto en el arte sacerdotal. Otra prueba de que las verdades prístinas no eran claras en este período radica en el hecho de que los oráculos que registraban sus afirmaciones sobre el particular tenían un estilo que ya nadie entendía”.

“Luego de regresar de Egipto, Platón viajó con Simmias hasta los confines de Caria donde unos hombres de Delos que le encontraron le rogaron que interpretase un oráculo de Apolo. Este oráculo declaraba que para terminar con las aflicciones de Grecia la piedra cúbica debía ser doblada. Se hizo un intento con una piedra del templo de Apolo; pero la tarea de doblarla por todos lados dio por resultado un poliedro de veinticinco caras; para restaurar la forma cúbica tenían que aumentar veintiséis veces el volumen original de la piedra, mediante un proceso de dobleces sucesivos. Platón envió emisarios al matemático Eudoxo, diciendo que el oráculo aconsejaba el estudio de la Geometría. Si este no entendió el hondo sentido del símbolo o desdeñó revelarlo a los ignorantes son cuestiones que deben quedar libradas a la conjetura; pero lo cierto es que la piedra cúbica y su multiplicación explica todos los secretos de los números sagrados, incluido el misterio del movimiento perpetuo, ocultado por los adeptos y perseguido por los necios bajo el nombre de cuadratura del círculo. Mediante esta aglomeración cúbica de veintiséis cubos en torno de un solo cubo central, el oráculo indicaba a los delios no solo los elementos de la Geometría sino también la clave de las armonías creadoras, explicada mediante la interrelación de las formas y los números”.

Acerca del oráculo de Apolo, Iglesias Janeiro, dice lo siguiente de la historia del último rey de Lidia y la conquista Persa: “Si Creso cruza el Halys será destruido un gran imperio” —contestó el oráculo cuando el rey de Lidia lo consultó acerca de si debía avanzar, contra Ciro. El oráculo se cumplió, aunque no en el sentido que supuso Creso, pues el imperio destruido fue el suyo”.

Acerca de la predicción como ciencia sagrada, Iglesias Janeiro explica lo siguiente: “Los datos más antiguos acerca de la predicción presentan esta ciencia como un atributo de la divinidad, que se manifiesta en los templos erigidos para ese objetivo cuando el fervor religioso de las multitudes que acudían a ellos para ese propósito hacía propicio el oráculo. Los medios empleados para emitir el augurio eran muy variados, existiendo el directo y el indirecto en el primer caso, manifestándolo la misma deidad, como dice Homero que ocurría en el Templo de Dolona, en el que el propio Zeus la pronunciaba, oyéndose su voz en el murmullo que producían las hojas de la encina sagrada que existía en su recinto; el indirecto tenía lugar a través de sacerdotes o sacerdotisas, a los que se consideraba inspirados por la gracia divina, unas veces por la preparación religiosa que habían recibido, y otras por virtud de nacimiento, emitiéndose, asimismo, por intermedio de animales, fenómenos de la Naturaleza o cosas inanimadas, por ejemplo, el silbido de una serpiente, el mugido de un toro, las columnas de humo que se formaban al arrojar incienso en el fuego sagrado o, cual ocurría en el templo de Venus, en Aphaca, arrojando diversos objetos al lago que rodeaba el oráculo y notando la forma en que sobrenadaban o se hundían”.

“Así como podía manifestarse el atributo divino a través de distintos medios, la solicitud del conocimiento que se deseaba obtener también se hacía de múltiples maneras. Es tradición que en los buenos tiempos del oráculo de Ammón, en que acudían grandes multitudes desde tierras lejanas en busca del consejo del dios, los sacerdotes iniciaban la marcha precedidos de una barca dorada, armada con múltiples páteras de plata que pendían a sus costados y seguidos de una numerosa comitiva de matronas y vírgenes, que cantaban himnos especiales para la ocasión y ejecutaban danzas sagradas. En otros templos, en cambio, la ceremonia era sumamente sencilla, reduciéndose en algunos a depositar la consulta por escrito y recibir la respuesta en igual forma. Aunque todos los oráculos tuvieron su época de esplendor, los que adquirieron mayor fama fueron los directos, esto es, aquellos en que la propia deidad daba al consultante la respuesta que este pedía. ¿En qué forma se producía el fenómeno? De múltiples maneras: unas veces moviéndose el brazo de la estatua que representaba al dios, otras declarando este de viva voz lo que se le solicitaba, algunas haciendo movimientos afirmativos o negativos con la cabeza, muchas moviendo uno o ambos ojos, las más combinando los gestos y los movimientos, y todas proporcionando una respuesta explícita a lo que se le pedía”.

“Es fama que Ammón, de viva voz declaró a los habitantes de Morea y de Apis que eran egipcios y no libios; de viva voz también advirtió a Mykerinos que solo viviría seis años, y de viva voz dijo Latona a Psamético que sería vengado por hombres de color bronce, todo ello cumplido a su tiempo. De viva voz, el mismo Ammón ordenó a Hatshopsuitus que enviase una expedición a reconocer la tierra de Puanit, y palabras pronunciadas de viva voz por dicha deidad son las que componen el augurio conservado en la estela encontrada en Karnack indicando a Tutmosis III las tierras que este faraón debía conquistar y las victorias que obtendría en sus luchas. Célebre es el veredicto dado por el mismo Ammón en el proceso que se siguió a Tutmosis por malversación de fondos mientras desempeñaba el cargo de tesorero real, esta vez, sin embargo, no de viva voz, sino por un movimiento de su brazo, escogiendo tres veces seguidas, en presencia del faraón y de los jueces, el escrito en que se declaraba la inocencia del acusado, inocencia que se comprobó más tarde al ser hallado el verdadero culpable. Por un movimiento del brazo de Ammón, se designaba también al nuevo soberano, para lo cual se reunían los hermanos reales en el templo de Yebel Barkal y desfilaban, uno a uno, ante el dios, siendo proclamado el que Ammón tocaba con su mano al pasar. Oráculos de respuesta directa se consideraban, asimismo, las inspiraciones por sueños, en las que el consultante hacia la petición a la deidad y esperaba que esta le diese la respuesta mientras dormía. De sueños, inspirados se servía Path para indicar a sus sacerdotes lo que debían hacer y revelarle el porvenir, y se dice que fue por virtud de una de esas inspiraciones que el sumo sacerdote de Ammón predijo la decadencia de Persia y la entrega, sin lucha, de Babilonia, detallando con riqueza de pormenores las conquistas de Alejandro y la época en que se efectuarían siglos más tarde”.

Iglesias Janeiro, explica más adelante que “Aunque en la actualidad los pueblos incultos que habitan en diversas regiones recurren al empleo de animales en la predicción, haciendo suponer que lo mismo debió ocurrir en tiempos lejanos a los que hoy son civilizados, los oráculos más famosos de Egipto, Persia, Grecia, México, Perú, Roma, etc., se servían únicamente de seres humanos, hombres unas veces, mujeres otras, en algunos casos una mujer como médium inspirado y un hombre como intérprete, casi en todos actuando en presencia del consultante, pero en cada uno después de una preparación especial”.

 Explica además Iglesias que “los oráculos estaban situados en lugares cuyo clima, topografía, orografía, geología, etc., eran propicios. El de Delfos, por ejemplo que fue uno de los más famosos en tiempos relativamente recientes, se hallaba en Krisa, al pie del monte Parnaso, sobre una fuente cuyas aguas despedían vapores que incitaban el delirio y muy cercano a una laguna de aguas corrompidas, que la leyenda consideraba antigua morada de Pitón, el dragón hembra, monstruo que diera a luz Hera un día de cólera y que asoló la comarca hasta que Apolo le dio muerte a fin de que, en agradecimiento, los hombres le levantasen un templo y le rindiesen culto. Teniendo esa fuente por estrado, y por trono el brocal de un profundo pozo sobre el que se apoyaba el trípode de la Pitonisa, rodeado todo ello por las aguas sagradas y recibiendo las emanaciones que subían de lo profundo del pozo, la joven que actuaba de augur preparaba su ánimo por medio de abluciones y purificaciones, machacando hojas de laurel, tomando agua de la fuente y sentándose en el trípode profético en estado extático, sin conocimiento de lo que hacía o decía, totalmente ajena a lo que ocurría a su rededor…”

Respecto de las características del oráculo de Delfos, Helena Petronila Blavatsky (HPB), explica en el tomo I de su obra Isis sin Velo que: “Según Plutarco, Jámblico, Lamprías y otros filósofos, las pitonisas eran jóvenes delicadamente sensibles, de costumbres puras y familia humilde, que estaban adscritas a su respectivo templo, donde se les destinaba habitación rigurosamente aislada del mundo, en la que solo podían entrar los sacerdotes y los videntes; de modo que la vida de las pitonisas superaba en ascetismo a la de las actuales monjas de clausura. Para ejercer su ministerio se sentaba la pitonisa en un trípode de bronce, colocado sobre una grieta del suelo que comunicaba con un subterráneo, en donde se quemaban ciertas drogas cuyos vapores subían por la grieta hasta envolver a la pitonisa en una atmósfera excitante que determinaba el frenesí mántico; y en tal estado daba el oráculo. También llamaban a la pitonisa ventrilocua vates o sea profetisa ventrílocua. (En el Glosario teosófico, se da la cita de Aristófanes, en Vœstas, I, reg. 28 y se explica que por esa razón es su voz de estómago).Los brahmanes colocaban la conciencia astral (yuch’) en el ombligo, y lo mismo creyeron Platón y otros filósofos. El versículo cuarto del segundo himno del Nâbhânedishtha dice así: “Oíd, ¡oh hijos de los dioses!, al que habla por su ombligo (nâbhâ) y os saluda en vuestras viviendas”. Muchos orientalistas convienen en que esta es una de las más antiguas creencias induistas. Los modernos fakires, lo mismo que los antiguos gimnósofos, concentran su pensamiento en el ombligo y permanecen inmóviles en la contemplación para identificarse con Átmân y unirse a la Divinidad”.

En el Glosario teosófico, se amplía la explicación con el siguiente texto: “Los autores antiguos situaban el alma del hombre (el manas inferior) o su conciencia personal, en la boca del estómago. Así encontramos en el verso cuarto del segundo himno nâbhânedichta de los Brahmanas: “Escuchad, ¡oh hijos de los dioses!, a uno que habla por el ombligo (nâba), porque os llama en vuestras moradas”. Este es un fenómeno de sonambulismo moderno. El ombligo era considerado en la antigüedad como “el círculo del sol”, el asiento de la divina luz interior. Por esto, el oráculo de Apolo estaba en Delphi, la ciudad de Delphus, matriz o vientre, así como el asiento del templo era denominado omphalos, ombligo. Como es bien sabido, un gran número de sujetos mesmerizados pueden leer cartas, oír, oler y ver por dicha parte de su cuerpo. Aun hoy día existe en la India (y también entre los parsis) la creencia de que los adeptos tienen en el ombligo llamas que aclaran para ellos todas las tinieblas y quitan el velo del mundo espiritual. Entre los zoroastrianos se les da el nombre de lámpara de Deshtur o “sumo sacerdote”, y entre los indos, “luz o esplendor del Dikchita (iniciado)”. Se explica además que Delfos, significaba útero u ombligo. Todos sus símbolos eran femeninos y de significación lunar.

De la literatura renacentista, es famoso el Oráculo manual y arte de la prudencia escrito por el jesuita Baltasar Gracián (1601 – 1658), que contiene 300 aforismos, de los cuales, el consultante puede formular una pregunta y mediante dados u otro procedimiento al azar, buscar la respuesta en el número correspondiente.

En la actualidad, muchas personas consultan sus decisiones leyendo al azar un versículo de la Biblia. Sin embargo, los antiguos rabinos, reyes y profetas hebreos disponían de varios sistemas de predicción, entre ellos, la interpretación de sueños, como es el caso de la interpretación de los sueños de Faraón, por parte de Josué y los de Nabuconodosor por parte de Daniel. Además usaban la Cábala, el Pectoral del juicio, junto con las dos piedras Urim y Tummim; así como los goralot. Asociado a la Cábala está el Tarot y sus arcanos mayores y menores. Otros pueblos, como los nórdicos desarrollaron la predicción mediante las runas, los chinos el I Ching y los mayas el tzité, entre otros.

 

Referencias

Blavatsky, Helena. Isis sin velo.T I.

Levi, Eliphas. El libro de los esplendores. México. Gómez Gómez hnos.

Levi, Eliphas. Historia de la magia. Buenos Aires. Kier. 1988.

Gracián, Baltasar, Oráculo manual y arte de la prudencia. México. Alamah clásicos. 2002.

Iglesias Janeiro, Julio, Cábala de predicción. Buenos Aires. Kier. 1984.

Platón. Diálogos. México. Porrúa. 1976.

Samael Aun Weor. Cuso Zodiacal. México. Rena Ser. 2010.

Samael Aun Weor. Magia rúnica. México. Rena Ser. 2010.

Samael Aun Weor. Las tres montañas. México. Rena Ser. 2009.

Virgilio. Eneida Geórgicas + Bucólicas. México. Porrúa. 1978.

La Ciencia de las predicciones (Tercera Parte)

Continuamos con el estudio de la Ciencia de las predicciones, preparado por César Owen. En esta ocasión, relacionamos distintos temas de los estudios gnósticos, con diferentes números. Relaciones que pueden ser explicados con ayuda de la Cábala, que nos da el significado esotérico de los números.

Los diferentes niveles o modos de Ser

En nuestra vida interna somos tres, siete y legión: los “Tres Traidores” (demonios de la mente, del deseo, de la mala voluntad), los “Siete Pecados Capitales” y sus múltiples facetas.

De manera antitética: Las Tres Fuerzas Primarias de la Naturaleza y del Cosmos (Padre, Hijo y Espíritu Santo), generando emociones superiores, pensamientos inteligentes y la voluntad consciente). Los siete fuegos serpentinos desarrollando cuerpos, virtudes, poderes, fuerzas, etc. Y también, las múltiples partes del Ser autónomas y auto-conscientes.

Todo esto ya sea en lo positivo o negativo y que pertenece (en la santa Cruz) a la línea vertical o del Ser, expresando sobre la otra línea o línea de la vida, nos da un modo o nivel de Ser y un rasgo psicológico característico particular, que nos es otra cosa que el punto matemático donde las dos líneas hacen cruz.

Los cuatro pilares de la sabiduría

Hemos hablado del equilibrio del Ser y el Saber, y justamente de allí va surgiendo en nosotros la sabiduría. Podemos decir que la sabiduría es inmanente al hombre, es universal, pero también decir que no es transmisible por medio de conceptos, ideas o palabras, sino que cada uno tiene que vivenciarla, evocarla, realizarla dentro de sí mismo.

Cuando a dos grandes hombres (Buda y Jesús) se les preguntó qué es la verdad, uno se quedó callado y el otro dio la espalda y se fue. Por ejemplo, si yo no he probado una fruta, nadie me podrá transmitir su sabor diciéndome que es dulce, amarga o ácida, para saberlo realmente tengo que probarla, comerla, gustarla.

La sabiduría se expresa a través de cuatro pilares: Ciencia, Arte, Filosofía y Religión. En todo conocimiento, en toda ciencia, en toda filosofía, en todo arte y en toda religión se utilizan símbolos y leyes que se hace necesario conocer para poder ejercerlas. Son los elementos de abstracción que hablan directamente a la conciencia.

La Ley de Tres o Santo Triamazikamno

Toda ciencia se fundamenta en tres principios: Esta Ley es creadora en un ciento por ciento. Si existiese sólo el Uno, habría inmovilidad, infecundidad, muerte, estática, quietismo; si existiese sólo el Dos, habría conflicto, antagonismo, muerte. El Tres es reconciliación, creación, producción, multiplicación.

Veamos algunos ejemplos de la Ley de Tres expresándose en la Naturaleza:
Padre, Hijoy Espíritu Santo; Brahma, Visnú y Shiva; Osiris, Horus e Isis. Raxa Huracán, Caculhá Huracán y Chipi Huracán; Soplo, Sangre y Agua; Ying, Yang y Tao; Positivo, Negativo y Neutro; Masculino, Femenino y Amor; Neutrón, Electrón y Protón; Azufre, Mercurio y Sal; Supra-mundo, Mundo e Infra-mundo; Absoluto, Eternidad y Tiempo; Sol, Luna y Mercurio; Ain, Ain Soph y Ain Soph Aur; Zohar, Talmud y Biblia; Mundo celular, Mundo molecular y Mundo electrónico; Leyes de Medida, Peso y Número:

Asimismo la encontramos en los tres posibles destinos del desencarnado: retorno, vacaciones en los mundos superiores o descenso a las infradimensiones. También en la imaginación, inspiración e intuición; en las tres divisiones del sistema nervioso: simpático, parasimpático y sistema nervioso central o cerebro espinal; en la anatomía: hemisferio derecho, hemisferio izquierdo y cerebelo; cabeza, tronco y extremidades; brazo, antebrazo y mano; carpo, metacarpo y dedos; falange, falangina y falangeta.

Así como en la tradición esotérica, en los regalos de los reyes Magos: incienso, mirra y oro; en los cordones ganglionares: idá, pingalá y sushumná; en las Tres Montañas: iniciación, resurrección y ascensión; en los tres factores de la revolución de la conciencia: nacer, morir y sacrificio por la humanidad; en el círculo esotérico, mesotérico y exotérico; en la evolución, involución y revolución; en la esencia, ego y personalidad, en la mente sensual, mente intermedia y mente interior.

Los Tres Traidores de Cristo

En la leyenda de Hiram Abif: Sebal, Orteluk y Stokín. En el libro de Job: Eliphas, Bildad y Sophar; en la vida de Quetzalcoatl: Ihuimicatl, Toltecatl, Tezcatlipoca; del padre de Quetzalcoatl: Zolton, Cuilton y Apanecatl; de Osiris: Apopi, Hai y Nebt; de Jesús: Judas, Pilatos y Caifás; de Thor: Juvelon, Juvelz y Luveloz; de Moisés: Coré, Dathán y Abiram.

Asimismo, en el esoterismo gnóstico: los tres clavos de la cruz, las tres purificaciones, las tres negaciones de Pedro, los tres días en que fue descrita la Ley, los tres días en el sepulcro y los tres días de Jonás en el vientre de la Ballena; los tres pasos hacia arriba y hacia abajo que da el Logos, las tres caídas del Viacrucis, los tres testigos, los tres traidores, los tres guardianes del Umbral y los tres Logos.

Por: César Owen/España

La ciencia de las predicciones (segunda parte)

¿Por qué se acierta o se yerra?

Desde los antiguos tiempos han existido los adivinos y profetas, las profecías y pronósticos, los oráculos y los diversos métodos de predicción. Pero a la par, también hemos visto aciertos y yerros en lo que se ha predicho, y por eso nos preguntamos: ¿Por qué se acierta o se yerra?

Hoy en día, en que los paranoicos y enajenados mentales, los estafadores y embaucadores, pseudo -videntes y pseudo-profetas abundan como la mala hierba, y aparecen en televisión llenando la página de sucesos policiales por estafa, o convirtiéndose en el hazmereír del público televidente, radioyente, etc., se hace urgente responder a esta pregunta. Veamos algunas anécdotas que nos
permitirán ilustrar este punto.

Todo general romano, al llegar de alguna empresa fuera de Roma, debía licenciar su ejército en las orillas del río Rubicón, so pena de ser llamado traidor y condenado a muerte. Cuando César avanzaba sobre Roma con la decisión de desobedecer la ley y apoderarse de Roma, al llegar a las márgenes del río se detuvo, un paso más significaría la victoria o la muerte, se sintió indeciso:

¿Debía cruzar el río y avanzar sobre Roma? ¿Debía licenciar su ejército en obediencia a la ley? ¿Si hacía lo primero triunfaría? ¿Era el momento de hacerlo? ¿Qué hacer?

En el instante en que estaba preguntándose qué hacer, tres pajarillos vuelan sobre su cabeza en dirección a Roma, y entonces dijo con alegría: La suerte está echada, y cruzó decididamente el río.

Algo similar le sucedió a El Cid: salía desterrado y pobre, sin saber a dónde dirigirse y unas abubillas le indicaron el camino del triunfo. Suerte anuncian las abubillas por la derecha, dijo a los pocos que le acompañaban, y tomando resueltamente el camino agregó: Arriba los corazones y ¡adelante!

¿Pueden realmente el vuelo y la dirección que tomen unos pájaros decidir tan grandes empresas y presagiar victorias? ¿Qué fue lo que realmente animó a estos paladines a definirse por un camino u otro? ¿Alguna percepción de un algo interior? ¿Por qué acertaron en su decisión?

Pero veamos otro caso: Cuando Alejandro invadió Persia, Darío, seguro de su poder le envío una mensaje en son de mofa: Una cajita de oro muestra de la gran riqueza que poseía; un puñado de semillas de lirio, símbolo del numeroso ejército que Alejandro tendía que vencer; una bola, diciéndole que era para que el mozalbete jugara con los bandidos que le acompañaban; y un látigo para que se vapuleara a sí mismo y a los consejeros que lo animaron en tan temeraria empresa.

Al recibirlo Alejandro contestó a Darío: “Acepto el oro como primicia anticipada de las riquezas que muy pronto te arrebataré; las semillas como adelanto de las partes en que dividiré el Imperio persa; la bola como símbolo del poder universal de que disfrutaré en breve; y el látigo para castigar tu insolencia y hacerte comprender la fragilidad de las cosas humanas”. Como se sabe Darío erró y Alejandro acertó.

¿Por qué Darío envío precisamente ese mensaje y esos objetos y no otros? (Ya que anticiparon lo que iba a suceder). ¿Por qué Alejandro se decidió y le dio otro valor a los mismos objetos?

Hay otra anécdota del mismo Alejandro que resulta interesantísima para este análisis: Antes de una de sus grandes batallas, Alejandro consultó a los augures acerca de lo que debía hacer para alcanzar la victoria: Sacrifica al primer ser que veas al salir del Templo, fue la respuesta.

Al salir vio un campesino montado en su asno y decidió sacrificar al hombre en obediencia al mandato de los augures; pero el hombre arguyó que la cabeza del pollino precedía a la suya y que debía sacrificar al jumento. Aceptó Alejandro el razonamiento del campesino y sacrificó al animal, encontrando entre las grasa del vientre, un mensaje que el general enemigo enviaba a un jefe de su ejército y que al no llegar éste, pudo ser desarticulado y vencido por Alejandro.

¿Como sabía el Augur que Alejandro se decidiría por sacrificar el pollino y no al hombre? Y no digamos ya, ¿cómo supo que venía ese mensaje allí? ¿Fue simple casualidad? Y Alejandro, ¿cómo se decidió por el animal y no por el campesino? ¿Por qué aceptó su argumento?

Se dice que los sacerdotes de Ammon arreglaron los libros proféticos para halagar al Macedonio, hijo de Filipo e inclinarlo en su favor, pero en esos libros se mencionaba que Asia sería vencida por Europa, especificando fecha, edad y carácter del vencedor, haciendo una detallada relación de los territorios que conquistaría.

Pero lo cierto es que esas profecías mal podían los sacerdotes acomodarlas. Primero, porque databan de centenares o de miles de años antes, y además, ciudades como Babilonia y otras, abrieron sus puertas, y sus ejércitos se rindieron sin luchar porque así lo decían los libros antiguos y era inútil oponer resistencia.

Los aztecas e incas recibieron órdenes por medio de sueños y visiones de dónde debían asentarse, y esas profecías hechas por sus divinidades y percibidas por sus sacerdotes, se cumplieron en todas sus partes.

De igual manera, entre los mayas, incas y aztecas fue profetizada con mucha antelación la llegada de hombres blancos y barbados que castigarían el proceso degenerativo de las edades de Oro de esas grandes Culturas.

“No escuches la voz de la Malinche, aconsejaba la Princesa Papantzin a su hermano Moctezuma, emperador de México. “Si la oyes una sola vez, serás encantado por ella y todos pereceremos y tú el primero”.

Y también resulta curioso que el nombre de CUAUHTEMOC (Aguila que desciende o cae) fuese el nombre del último emperador mexicano.

Huaina Capac recibió el consejo de su sacerdote de dividir su gran Reino (el Tahuantinsuyo), entre sus hijos Huáscar y Atahualpa, para evitar una guerra civil, dada la rivalidad entre los dos hermanos.

Más tarde Huáscar, al ser arrojado al río Andamarca, por orden de Atahualpa, dijo: Los blancos vengaran mi muerte dentro de muy poco y mi hermano morirá de mi misma muerte pero en terreno seco.

El sacerdote le dijo a la esposa de Atahualpa: es inútil que entreguemos el oro de nuestros templos para rescate del Inca, cuando quería enviar a Cajamarca cargamentos del precioso metal ofrecido a Pizarro como rescate y liberación del prisionero, con oro o sin oro su suerte será la misma, y le mostró en el espejo mágico cómo moría ahogado en terreno seco.

Casandra gritaba angustiada a los troyanos: prended fuego a ese caballo fuera de las murallas. No lo introduzcáis en Troya, pues nos abrazará a todos.

Si Creso cruza el Hayls será destruido un gran Imperio. Contestó el Oráculo al rey de Lidia. El oráculo se cumplió pero no en el sentido que supuso Creso, ya que el imperio vencido fue el suyo cuando avanzo contra Ciro. “Naces rey pero no morirás rey”, dicen que predijo una pordiosera al nacer Alfonso XII. “Mi muerte anuncia la del Zar”, dijo Rasputín a los nobles que lo asesinaron. “Todos los aquí reunidos tendrán una cita con la misma dama”, dijo Sant Germain a unos nobles en un banquete antes de la revolución. (La dama fue la guillotina). “No desdeñes al abogadillo si quieres ser la Primera dama en la Casa Blanca”, le dijo su abuela a la que luego fue esposa de Abraham Lincoln.

Con los anteriores ejemplos, los que nos faltarían por contar y los del sabio vidente escritor de “Las Centurias”, se llenarían volúmenes, pero siempre nos estarían indicando una especie de percepción instintiva en estado incipiente o desarrollada en todos esos casos.

Los escritos sagrados de Hermes, dicen: La imagen de todo ya está hecha, sólo falta la materia que la llene. Por otra parte, en el libro de “Eclesiastés” leemos:
“Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo bajo el sol”. (Ec. 1: 9).

“El Azar no existe; somos los artífices de nuestro propio destino”, dicen los más sabios maestros. Nihil novum sub sole, subraya el arcaico adagio. En la Creación nada hay librado al azar. ¿Sería posible la maravillosa armonía universal si en los millones de mundos que se mueven a velocidades vertiginosas en el espacio hubiese algo cuya presencia o existencia dependiese del acaso? Lo que se llama “azar” no es otra cosa que la manifestación objetiva de un proceso que desconocemos, y lo que consideramos imposible es un mero exponente de las fronteras que limitan nuestra comprensión y percepción.

Pero volvamos a preguntarnos, sobre el por qué se acierta o se yerra

Se cuenta que Colón, por ejemplo, en Santo Domingo logró impresionar a los aborígenes prediciendo con precisión un eclipse, pero erró tiempo después al querer hacer lo mismo en América Central. La ciencia, el hombre y el fenómeno eran los mismos en ambos casos, pero en el segundo la diferencia de latitud imponía variantes que, al no ser tomadas en cuenta, dieron por resultado que ciencia, científico y espectadores quedasen frustrados.

Lo mismo sucede en las predicciones, pronósticos o profecías, cuando faltan elementos de predicción, cálculo, percepción, Comprensión e interpretación, se puede errar.

De ahí se deriva la importancia, no sólo del estudio y conocimiento de la ciencia de las Predicciones o anticipaciones, sino del sujeto que trabaja como antena receptora de esos sucesos que están por acontecer, que se procesan desde los mundos de causa y que no son más que la progresión matemática del resultado de nuestros actos.

Por: César Owen/España

La ciencia de las predicciones

Introducción

Nosotros queremos abordar el estudio del Tarot y la Cábala con absoluta seriedad, tratando de buscar el camino secreto que conduce a la realización de nuestras infinitas posibilidades, a la Auto Realización Íntima del Ser. El Tarot y la Cábala señalan la ruta, la vía iniciática que el aspirante debe recorrer por sí mismo, contando para ello con la ayuda de ideas trascendentales y de fuerzas
superiores a la mente.

¿Cuáles son esas ideas arquetípicas o trascendentales que el Tarot y la Cábala plantean? Y ¿cómo podremos obtener el auxilio de las fuerzas superiores a la mente?

Eso es, precisamente, lo que nos proponemos conocer y estudiar a fondo con este Curso Esotérico; y si este objetivo se cumple, nos daremos por bien servidos y nuestros corazones se inflamaran gozosos con la alegría de vuestra dicha…

Para cambiar es necesario saber, para saber hay que aprender y para aprender hay que hacer grandes sacrificios Samael Aun Weor

El equilibrio entre el ser y el saber

El Alma que sabe algo se consume en el deseo de saber más. La que vislumbra a Dios se consume en el anhelo de llegar a él. Torah.

En su obra «Educación Fundamental», el Maestro Samael nos enseña que, cuando el ser se desarrolla más que el saber, no hay equilibrio, y esa persona, además de estar en la posibilidad de cometer graves errores por la falta de cultura intelectual, se convierte, además, en un “santo estúpido”.

Por otra parte, si se desarrolla más el saber que el ser, entonces se anquilosa y petrifica la mente con un cúmulo de teorías que, además de no dejar pasar la luz del Ser, nos convierte en astutos, perversos y orgullosos “bribones del intelecto”, dice él, con la predisposición a cometer gravísimos errores, por falta de ética revolucionaria, de una espiritualidad consciente. De nada sirve la sabiduría sin amor. Por eso señala: “es necesario estudiar mucho y adquirir conocimientos, pero es también urgente desarrollar en nosotros el ser espiritual”.

La predicción como necesidad natural

¿Qué es predecir y por qué se predice? Es anticipar, prever los resultados de un acto y anunciar sus consecuencias. Se predicen o pronostican muchas cosas en la vida:

“¡Sabes vencer Aníbal!”, le dijo al general cartaginés, su amigo Maharbal, cuando después de la victoria de Cannas decidió invernar en Capua en vez de sitiar a Roma. “Sabes vencer, pero no sabes sacar provecho de tus victorias”.

El tiempo, el movimiento de los astros, los flujos de las mareas, la abundancia de las cosechas, el curso de las enfermedades, la evolución de los acontecimientos, el éxito en los negocios, las consecuencias de lo que obramos, la utilidad del saber que adquirimos, en fin, los probables efectos de cuanto hacemos o dejamos de hacer.

Hay que saber prever los acontecimientos, advertir las probables derivaciones que tal acción pueda tener y en suma, mirar desde hoy lo que traerá mañana; no sólo es poseer el conocimiento que permite predecir los sucesos, sino prepararnos para confrontarlos.

Diferencia entre profecía, predicción y pronóstico

En la predicción se anticipa y se prevé los resultados de un acto anunciando sus consecuencias. Ya sea por medio de revelación, ciencia o conjetura. El pronóstico es la previsión de algo por medio de una progresión matemática de los datos con que se cuenta. En la profecía se predice sobre las cosas por venir, sean mediatas o inmediatas, en virtud del don de la profecía, el cual consiste en conocer por inspiración divina. Esta última tiene datos más amplios para realizar su progresión matemática y realizar su predicción, porque el que los percibe, los recibe, directamente, desde los mundos de causa y efecto.

César Owen/España

Cábala

Significado y origen

El DRAE da dos definiciones para el concepto más serio de Cábala. Son las acepciones 2 y 3 del diccionario y que transcribimos a continuación: “en la tradición judía, sistema de interpretación mística y alegórica del Antiguo Testamento”. “Conjunto de doctrinas teosóficas basadas en la Sagrada Escritura, que, a través de un método esotérico de interpretación y transmitidas por vía de iniciación, pretendía revelar a los iniciados doctrinas ocultas acerca de Dios y del mundo”. Estas son las acepciones que mejor corresponden con el sentido que damos en los estudios gnósticos a la ciencia de la Cábala. Las otras tres acepciones no tienen nada que ver con esta ciencia esotérica.

En Wikipedia, se explica que el término Cábala o Qabbaláh, es de origen hebreo y “es una de las principales corrientes de la mística judía. La base estructural de este estudio consiste en el análisis del Árbol de la Vida. Entre los judíos, es la tradición oral que explica y fija el sentido de la Sagrada Escritura, y por tanto entiéndase por Cábala al conocimiento en cuanto a las cosas celestiales mediante el ejercicio del estudio y cumplimiento de preceptos y reglas superiores”.

Entre los significados de la palabra Cábala, para algunos, significa “recibir” o “aceptar” y para otros, significa: “clave”. Otras formas como, usualmente se escribe la palabra Cábala son: Cabalah, Cabbalah, Kábala, Kabalah y Kaballah.

Para muchos estudiosos, no esoteristas, la Cábala surge en el Medioevo, sin embargo, los grandes tratadistas de la Cábala Hermética, afirman que es mucho más antigua. El gran mago y ocultista francés: Alphonse Louis Constant, el abate Constant, más conocido como Eliphas Levi, en “El libro de los Sabios” anota que

El sacrificio de Abraham, Rembrandt
El sacrificio de Abraham, Rembrandt
el origen de los misterios de la cábala se halla en el patriarca Abraham. Explica además que la “Torah, los profetas y el Talmud son ininteligibles sin la Cábala. Afirma además que los “libros sagrados son la propia Cábala escrita en jeroglíficos hieráticos, es decir, en imágenes alegóricas. La escritura es un libro cerrado sin la tradición que la explica y la tradición es la Cábala”.

Más adelante explica que: “La Biblia tiene un sentido oculto cuya ciencia tradicional se llama Cábala entre los hebreos. Esta ciencia era conocida por el apóstol San Juan y por los padres más sabios de la primitiva Iglesia”.

Asimismo, la gran escritora británica de ocultimo: Violet Mary Firth Evans, más conocida como Dion Fortune, en su obra: “La Cábala Mística“, profundiza en las razones por las cuales, los investigadores no esoteristas, creen equivocadamente que la Cabala surge en el Medievo: Sólo hacia el siglo XV, cuando el

Eliphas Levi
Eliphas Levi
poder de la Iglesia comenzó a debilitarse, algunos se atrevieron a escribir algo sobre la sabiduría tradicional de Israel. Los eruditos declaran que la Cábala fue fraguada en la Edad Media, porque no pueden descubrir retrospectivamente la sucesión de la serie de manuscritos primitivos, pero todos los que conocen la manera de trabajar de las fraternidades esotéricas saben perfectamente que toda una cosmogonía o psicología puede ser transmitida por medio de algún jeroglífico que no signifique absolutamente nada a los no iniciados.

Estas antiquísimas cartas o imágenes podían ser transmitidas de: generación en generación, dándose la explicación necesaria solo verbalmente, de manera que la verdadera interpretación no se perdiera jamás. Cuando existía alguna duda en la aplicación de algún punto oscuro, se hacía referencia al jeroglífico sagrado, y al meditar sobre él se despertaba todo lo que la meditación de las generaciones anteriores había encerrado en él. Es muy sabido por Los místicos que si una persona medita en un símbolo con el cual hayan sido asociadas ciertas ideas en el pasado, obtendrá acceso a dichas ideas, aunque ese jeroglífico jamás le haya sido explicado por Los que han recibido la tradición de labios a oído.

Más adelante, Dion Fortune explica que varios de los profetas, como Isaías, Ezequiel y diferentes rabís de la edad media dieron muchas

Dion Fortune
Dion Fortune
claves cabalísticas, pero que el autor de la Cábala fue el Arcángel Metratón.

Eliphas Levi, en el prefacio de “El libro de los Esplendores”, explica que: “En efecto, los hebreos poseen una ciencia que San Pablo sospechaba sin conocerla, y San Juan iniciado por Jesús, ocultaba y revelaba a la vez con jeroglíficos gigantescos en el Apocalipsis, tomados en su mayoría de las profecías de Ezequiel. Existe, entre ellos, un libro místico y maravilloso que se llama El Zohar o Esplendor. Libro inmenso, más importante que el Talmud, que sólo es el desarrollo de una teogonía

San Juan evangelista en Patmos - Hans Burgkmair
San Juan evangelista en Patmos - Hans Burgkmair
en algunas páginas, que se denomina SIPHRA DZENIUTTA”.

Con más propiedad, en el Prólogo de su: “Curso de Tarot y Kábala”, el Kalki Avatar, Samael Aun Weor, explica que: La Cábala se pierde en la noche de los siglos, ahí donde el Universo se gestó en el vientre de Maha Kundalini, la Gran Madre. La Cábala es la ciencia de los números. El autor del Tarot fue el Ángel Metratón. Es el jefe de la sabiduría de la culebra y fue el profeta Enoch, del que nos habla la Biblia. El Ángel Metratón o Enoch nos dejó el Tarot en el cual se encierra toda la sabiduría divina, éste quedó escrito en piedra. También nos dejó las 22 letras del alfabeto hebraico. Este gran Maestro vive en los mundos superiores, en el mundo de Aziluth, en un mundo de felicidad inconcebible, según la Cábala en la región de Kether, un Sephirote bastante elevado. Todos los cabalistas se fundamentan en el Tarot, es necesario conocerlo y estudiarlo a fondo. El Universo está hecho con la Ley del Número, Medida y Peso; las Matemáticas forman el Universo, los números vienen a ser entidades vivientes.

Objeto de estudio

Dion Fortune en el primer capítulo de la obra citada, establece una relación entre el Yoga y la Cábala, hace un bello recorrido por las fuentes del esoterismo occidental y explica que: esta antigua tradición mística de Los hebreos poseía tres escrituras: los Libros de la Ley y Los Profetas, que se conocen como el Antiguo Testamento; el Talmud, o colección de comentarios eruditos sobre aquél y la Cábala, o interpretación mística del mismo. De estos tres libros, Los antiguos rabís decían que el primero era el cuerpo de la tradición, el segundo su alma racional y el tercero su espíritu inmortal. Las personas ignorantes pueden leer con provecho el primero y Los eruditos pueden estudiar el segundo, pero los sabios son Los que meditan sobre el tercero. Es realmente muy extraño que el Cristianismo no haya buscado Las claves del Antiguo Testamento en la Cábala.

Abraham y Melchizedeck - Rubens
Abraham y Melchizedeck - Rubens

La Cábala es una ciencia esotérica que busca el significado del mundo y la verdad. Algunos estudiosos afirman que “concentra la atención del misticismo judío hacia la naturaleza de la divinidad, la creación, los comienzos del alma y el destino, y el lugar del hombre en este mundo”. Es una ciencia de predicción y de interpretación de verdades cósmicas, de símbolos o claves desarrolladas por el Circulo Consciente de la Humanidad, como también por las partes superiores del Ser. El método del conocimiento para la interpretación cabalística es la intuición, esa facultad de comprender las cosas instantáneamente, sin necesidad del razonamiento y, que en la Gnosis, constituye la forma más elevada del conocimiento superior, por encima de la inspiración y la imaginación. De hecho, cuando el neófito empieza a investigar qué es Gnosis, se encuentra que una de sus definiciones más conocidas es: “conocimiento intuitivo de las cosas divinas”.

Por ese motivo, el Avatara de la Era de Acuario, Samael Aun Weor, afirma en su obra “Curso Zodiacal” que: “existen dos clases de cabalistas: los cabalistas de la razón y los cabalistas de la intuición. La razón es una insubordinación y delito de lesa majestad contra el Maestro interno. Afirma además el Venerable Maestro que: “Los grandes cabalistas intuitivos no razonan, comprenden por percepción directa y escuchan la voz del silencio cuando observan alguna lámina del sagrado Tarot”.

Eliphas Levi, en el capítulo titulado: “Los Elementos de la Cábala, de “El libro de los Esplendores”, explica que: Cabala o ciencia tradicional de los hebreos, podría denominarse las matemáticas del pensamiento humano. Es el álgebra de la fe. Resuelve con sus ecuaciones todos los problemas del alma, despejando las incógnitas. Da a las ideas la sencillez y la rigurosa exactitud de los números; sus resultados son para la mente la infalibilidad (siempre relativa en la esfera de los conocimientos humanos) y la paz profunda para el corazón.

Más adelante, En el capítulo titulado: La Religión

Pitágoras
Pitágoras
de “El libro de los Esplendores”, Levi explica que: “La Cábala es la fórmula cifrada de la hipótesis divina. Los misterios son los teoremas de su álgebra. Es simple como dos y dos son cuatro, clara como las cuatro reglas de la aritmética y oscura para los ignorantes como la tabla de logaritmos o el binomio de Newton”.

También Dan Brown, en su obra: “El Código Da Vinci”, da una interesante explicación del objeto de estudio de la Cábala y explica lo siguiente: Las enseñanzas místicas de la Cábala se basaban fundamentalmente en anagramas en los que mediante la alteración del orden de palabras hebreas se obtenían nuevos significados. Los reyes franceses del Renacimiento estaban tan convencidos de que los anagramas tenían propiedades mágicas que contaban con anagramistas reales que les ayudaban a tomar las decisiones más acertadas mediante el análisis de las palabras de los documentos importantes. Los romanos daban al estudio de anagramas la categoría de ars magna —arte mayor.

El Presidente fundador de las instituciones gnósticas de la actualidad, Samael Aun Weor, explica además en el capítulo XXV de su curso de Tarot y Kábala, que: En Cábala todo es número y Matemáticas. El número es santo, es infinito, en el Universo todo es medida y peso. Dios es un geómetra para los gnósticos. Las Matemáticas son sagradas. En la escuela de Pitágoras no se admitía a nadie que no supiera Matemáticas, música, etc. Los números son sagrados.

El Maestro Samael, explica además En el capítulo 22 de su obra: “Manual de Magia Práctica” que: “todas las Ciencias del Universo se reducen a la Kábala y a la Alquimia”.

Cábala y esoterismo

El esoterismo, es el conjunto de doctrinas secretas, reservadas a un número limitado de discípulos. En Occidente, desde hace varios siglos, muchas escuelas esotéricas han recibido influencia de la Cábala. Entre ellas, están la Masonería y el rosacrucismo.

Es por ello que En el capítulo titulado: La Cábala no escrita, de su obra: La Cábala Mística, Dion Fortune explica que: la interpretación de la Cábala no se encuentra entre Los rabís del Israel externo, Los que son hebreos solamente según la carne y la sangre, sino entre el pueblo elegido según el Espíritu; en otras palabras, entre los iniciados. La Cábala, tal como la conocemos, tampoco es un sistema puramente hebraico, porque ha sido completado durante el Medioevo por muchísimos conocimientos alquímicos y por la íntima asociación y fusión que tuvo con ese maravilloso sistema simbólico como el Tarot.

Fortune, explica además en dicho capítulo que: para utilizar la Cábala no se necesita absolutamente ningún conocimiento externo del idioma hebreo antiguo; todo lo que se requiere es poder leer y escribir las letras hebreas. La Cábala moderna se ha naturalizado en los idiomas occidentales, pero retiene,y debe retener siempre, todos sus nombres de poder en hebreo, que es el idioma sagrado del Occidente, así como el sánscrito lo es del Oriente. Hay quienes se oponen al libre empleo de términos sánscritos en la literatura oculta, y sin duda alguna, también se opondrán al empleo de las letras hebreas; pero su uso es inevitable porque cada letra hebrea es también un número, y la suma resultante de las letras de cada palabra, o nombre, es una clave importante de su significado. Además, pueden emplearse para indicar las relaciones existentes entre Las distintas ideas y potencias.

Samael Aun Weor, en el capítulo de Virgo de su Tratado de Astrología Hermética, va más lejos, al explicar que “la Cábala es la ciencia de la Vaca; leyendo las tres sílabas de Cábala a la inversa, tenemos La-va-ca. La piedra de la Kaba en la Meca leída a la inversa Vaca o la Piedra de la Vaca”. De esta manera, vincula a la Cábala, con profundos conocimientos esotéricos en la religión del Islam y de la India. De este último, explica que la ciencia de la Cábala es un tipo de conocimiento superior, relacionado con el Maha Vidya.

Libros y ramas de la Cábala

Los principales y más antiguos libros cabalísticos, son el Zohar o libro del Esplendor, escrito por Simeón Ben Yojai, así como el Séfer Ietzirá o Libro de la Formación o de la Creación, atribuido al patriarca Abraham. Es importante, además, para el estudio de la Cábala, el Salmo más largo de todos los salmos de la Biblia, el Salmo 119 que contiene las 22 letras del alefato hebreo, entre ellas: Alef, Bet, Guimel, Dálet, He, Vau, Yod y Tau.

Entre las ramas de la Cábala, se encuentra la Gematría, el Notaricón y la Temurá. Asimismo, en la Cábala dogmática, se encuentra la ciencia de la Merkabá y la ciencia de Bereshit.

En la Gematría se busca el valor númerico de las palabras, en el Notaricón, las letras iníciales o finales de las palabras, se organizan en forma parecida a un acróstico. En la Temurá, se transponen las letras de una palabra y surgen otras palabras, en un procedimiento similar al de los anagramas.

En la cuarta lección de Cabala, de “El libro de los Esplendores”, Eliphas Levi, explica que: Bereschith quiere decir génesis; Mercavah significa carrito, por la alusión a las ruedas y a los animales misteriosos de Ezequiel. El Bereschith y la Mercavah resumen la ciencia de Dios y del mundo.

Explica además Levi en la cuarta lección del libro citado que: esto es lo que se obtiene por la Gematría y la Temurá, que son las matemáticas de las ideas. La Cabala tiene su geometría ideal, su álgebra filosófica y su trigonometría analógica. Así es como obliga en cierto modo a la naturaleza a revelar sus secretos.

El Árbol de la Vida, los sefirotes y los arcanos

El Árbol de la vida es el símbolo cabalístico por excelencia. Se compone de 10 esferas y 22 senderos. Las esferas corresponden a los sefirotes, las emanaciones divinas o principios anímicos y espirituales del ser humano. Los primeros tres sefirotes son: Keter, Chokmah, Binah, que en la terminología cristiana se corresponden con la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Los otros siete sefirotes, se corresponden con el septenario teosófico o con los cuerpos internos y la Mónada: Es así, como el cuarto sefirote: Chesed, se corresponde con el Maestro interno, el Íntimo, el Espíritu o el Ser. Los otros sefirotes son: Geburá, Tiferet, Netsaj, Hod, Yesod y Malkut. Los 10 sefirotes, se relacionan también con los planetas del Sistema Solar.

Dion Fortune explica que: El curioso sistema simbólico que conocemos como Árbol de la Vida es una tentativa para poner en forma diagramática cada una de las fuerzas y factores del Universo Manifestado y el Alma Humana, para correlacionar una con otras y revelarlas como en un mapa, mostrando las posiciones relativas en que puede considerarse cada unidad y las relaciones entre ellas. En pocas palabras, el Arbol de la Vida es un compendio de Ciencia, Filosofía, Psicología y Teología.

En el capítulo titulado: La Cabala, objeto y método, de “El libro de los Esplendores”, Eliphas Levi explica que: toda la Cabala está contenida en lo que los maestros llamaron las treinta y dos vías, que son treinta y dos ideas absolutas y reales, unidas a los diez números de la aritmética y a las veintidós letras del alfabeto hebraico.

Explica además Levi en el capítulo titulado: La Gloria cristiana de su obra: El libro de los Esplendores que: los cabalistas referían las ideas absolutas al valor numeral y jeroglífico de las veintidós letras del alfabeto primitivo, que suponen haber sido el de los hebreos. A cada una de estas letras se le asignaba un genio; cada letra es un ser viviente, un ángel. Los que están familiarizados con la poesía oriental comprenderán este lenguaje figurado. Pero lo propio del vulgo es tomar todo al pie de la letra y materializarlo; ahora bien, entre estas letras, hay dos que representan la divinidad a saber la primera y la última alef y tau, en griego alfa y omega, y en latín a y z, de donde se ha formado el nombre Azoth, que en la filosofía oculta es la expresión de lo absoluto.

Asimismo, en la séptima lección de “El libro de los Esplendores”, Levi afirma que: los diez primeros números, las veintidós letras del alfabeto y los cuatro signos astronómicos de las estaciones, resumen toda la Cabala. Veintidós letras y diez números las treinta y dos vías del Sepher Jetzirah, cuatro representan la mercavah y el shemanphorah. Es sencillo como un juego de niños y complicado como los más arduos problemas de las matemáticas superiores. Es ingenuo y profundo como la verdad y la naturaleza. Esos cuatro signos elementales y astronómicos son las cuatro formas de la esfinge y los cuatro animales de Ezequiel y de San Juan. Todo por vosotros en la sagrada ciencia”.

Comprender los principios cabalísticos encerrados en los 10 sefirotes, permite un mejor entendimiento de la religión en general y de la Biblia en particular. Para explicar más claramente lo anterior, acudimos nuevamente a Dion Fortune quien explica el origen cabalístico de la fórmula final del Padre Nuestro: Porque tuyo es el Reino, el Poder y la Gloria. “la cláusula final del Padre Nuestro es cabalismo puro. Malkuth el Reino; Jod, el Poder, y Nazareth, la Gloria, forman el triángulo básico del Arbol de la Vida, con Yesod, el Fundamento, o receptáculo de Las influencias, como punto central. El que formuló esa oración conocía la Cábala.

Finalmente, el Buda Maitreya, explica en el capítulo de Sagitario del “Curso Zodiacal, que: haciendo una liquidación de todos los millones de volúmenes kabalísticos que ruedan por el mundo. Llegamos a la conclusión, de que toda Kábala se reduce a los 22 arcanos mayores del Tarot y 4 ases, que representan los cuatro elementos de la Naturaleza.