La cosmovisión gnóstica (I)

Contenido:

Qué es una cosmovisión

La cosmovisión del lector

Principios universales de las cosmovisiones

Leyes universales

Leyes de evolución e involución

La Gnosis y su cosmovisión

La multidimensionalidad del espacio y los universos paralelos

La divinidad suprema

Los siete cosmos

Dios es dioses

Qué es una cosmovisión

La palabra cosmos, se asocia a un mundo, un universo, al espacio exterior a la Tierra y al conjunto de todo lo que existe en un sistema ordenado y armonioso. Es la antítesis del caos. En consecuencia, una cosmovisión es la manera de ver e interpretar el mundo.

Cada persona, cada grupo cultural, sociedad, pueblo o nación tiene su propia cosmovisión; su propia visión o concepción del mundo. Las cosmovisiones cambian de lugar en lugar y con el transcurrir del tiempo. De acuerdo con la propia cosmovisión, las personas y sociedades imaginan, perciben, conciben o modelan la realidad, los acontecimientos de la vida y la Naturaleza, la existencia humana y la de los demás seres. Cada cosmovisión se construye a partir de particulares creencias, opiniones, informaciones y vivencias

Cada cosmovisión, explica, guía, delinea norma, define y orienta determinadas nociones en los diferentes aspectos de la vida: en lo político, económico, cultural, espiritual, moral. Los diferentes productos culturales: la ciencia, el arte, la filosofía y la religión son expresiones de determinada cosmovisión. Los principios integradores de cada cosmovisión dan origen a las propias creencias o teorías o modelos de explicación de la realidad o del cosmos.

Muchas cosmovisiones se fundamentan en principios integrales y holísticos. Otras cosmovisiones, son de carácter monocultural y dan origen al sectarismo, literalismo y al fundamentalismo; al sustentar que sus principios son los únicos auténticos y valederos. Hay muchas cosmovisiones. Algunas de ellas, son la cosmovisión Judeocristiana, la cosmovisión grecolatina, las cosmovisiones china, egipcia o las de los pueblos originarios de América, entre ellas, la cosmovisión maya, azteca, inca, entre otras. Es claro que habrá otro tipo de cosmovisiones derivadas del ateísmo, como la cosmovisión materialista dialéctica y la cosmovisión materialista positivista y capitalista.

Desde tiempos antiguos, en la cosmovisión de los diferentes pueblos se combina el conocimiento histórico y el empírico con los mitos de cada pueblo. La Naturaleza es la fuente del simbolismo mitológico. En cada pueblo, los fenómenos naturales, entre ellos los relacionados con la atmósfera y el clima, como la lluvia o la sequía están o pueden ser influenciados o supeditados a la regencia de seres superiores, dioses o deidades. Así, en la cosmovisión judeocristiana se habla de las plagas de Egipto que propiciaron la liberación del pueblo de Israel. Entre los mayas del período clásico Chac, el dios del agua, regulaba el ciclo de las lluvias y a él se le pedía su mediación en caso de sequías prolongadas. En forma similar, en la cosmovisión judeocristiana, en el libro de Reyes, se lee que el profeta Elías anunció una sequía y meses después oró porque terminara.

En la cosmovisión de los diferentes pueblos, las leyes que rigen al Universo, son las mismas que rigen al ser humano. Todos los pueblos ubican a sus dioses o seres divinos en el cosmos, en el cielo. Los dioses, semidioses, héroes y mensajeros de los dioses de la cultura grecolatina, dan nombre a los planetas de nuestro Sistema Solar (Júpiter, Marte, Venus…) y a gran parte de las constelaciones boreales (hércules, casiopea, orión, entre otras). En forma similar, muchos personajes del Popol Wuj están representados en planetas o constelaciones. Este es el caso de la pareja creadora: Xmucane y Xpiyacoc, es decir, los pecaríes o tapires que se corresponden con Géminis. También, es el caso de Wukub Kakix, que se corresponde con la Osa mayor.

La cosmovisión del lector

 

Al llegar a este punto de la exposición, es importante plantear una reflexión. ¿Cuál es la cosmovisión del lector? ¿En qué cree?, ¿cuál es su estilo de vida?, ¿qué tipo de paradigmas sustentan su vida?, ¿cuál es su escala de valores?, ¿sus costumbres?, ¿su manera de ser?, ¿su cultura? ¿hasta dónde lo satisface su estilo de vida? ¿Es congruente su cosmovisión, es decir, sus creencias, sus ideales, sus principios, con su comportamiento, su conducta, su manera de vivir?, ¿qué idea tiene de Dios o de la divinidad, de la Naturaleza y de los bienes de la Naturaleza y demás seres que pueblan la Tierra?, ¿está a gusto con su estilo de vida o tiene el presentimiento, la sensación o la corazonada que algo no está bien en su existencia?

¿Tiene claro quién es? ¿Sabe de dónde viene y a dónde va? ¿qué piensa del sexo, del adulterio, de las relaciones sexuales?, ¿cómo es su forma de comer, su forma de obtener alimentos, su dieta?, ¿tiene una recta conducta y recta manera de ganarse la vida?

En el caso de las personas que viven en el hemisferio occidental, en los centros urbanos o grandes ciudades, es probable que las personas se hayan alejado de la Naturaleza y que su materialismo sea alto, ya sea en la forma de un ateísmo basado en la cosmovisión materialista dialéctica o marxista leninista y corrientes concurrentes; como por la cosmovisión materialista capitalista, la que sustenta el “capitalismo salvaje”. O bien que su cosmovisión esté inspirada en las cosmovisiones grecolatina y judeocristiana. En consecuencia, su percepción de Dios sea más bien “ligera”, “cómoda”, con paradigmas basados en el “dejar hacer, dejar pasar”, en mirar ante todo el derecho de la propia nariz, con mucho aislamiento social, con escasa  interacción con otras personas, viviendo en una comunidad en la que probablemente el tejido social esté estropeado severamente. Muchas personas en la sociedad actual, tienen un estilo de vida en el que sus acciones, distan mucho de lo que dicen o creen. Tienen una manera de pensar, de sentir y de actuar que no necesariamente será congruente con los ideales, creencias o normas convencionales de la propia cosmovisión o sociedad en la que se vive.

Es probable que su vida le parezca cansada y aburrida, que carezca de sentido o por lo menos que le provoque el presentimiento de que algo hay que cambiar, que hay algo más o algo diferente o que hay algo que cambiar o por encontrar y que ese algo puede encontrarse en algún momento y en determinado lugar.

Dos aspectos característicos de cosmovisiones distintas se relacionan con la manera en que se entiende el concepto de desarrollo, tanto del desarrollo económico y social, como el desarrollo humano. Para muchas personas, “desarrollo” es sinónimo de bienestar; pero un bienestar personal, individual, egoísta. Para otros, se asocia a la noción de buen vivir, vivir bien o vida digna, que se sintetiza en el principio: “Estoy bien, en la medida en que los demás están bien”, incluido el respeto que doy al medio ambiente y a la madre Tierra.

Principios universales de las cosmovisiones

 

Las diferentes cosmovisiones originarias se fundamentan en principios o leyes universales que han sido observadas desde tiempos antiguos. Entre esos principios, está el principio de Correspondencia que se expresa en el aforismo: “Tal como es arriba es abajo”. Otro principio, es el de Vibración o de movimiento universal a través del cual se comprende que nada está inmóvil, todo está en movimiento, todo vibra. Entre esos principios universales está el de la Unidad de los contrarios. Todo fenómeno de la Naturaleza es dual, tiene dos polos, su par de opuestos y en el que los extremos se tocan. También es importante destacar el principio que explica que todo fluye y refluye, todo sigue un curso de ida y de vuelta, todo tiene períodos de avance y de retroceso, de plus y minus como el movimiento ondulatorio, como las olas del mar. Todos los fenómenos siguen un comportamiento pendular, la ley del Péndulo. No se puede dejar de mencionar el principio de Causa y efecto. Ningún fenómeno ocurre casualmente, todo se manifiesta conforme a leyes. El acaso, la suerte no existen. Finalmente hay que reconocer que existe el creador, el principio Sexual.

 

Leyes universales

 

Existen muchas leyes en la Naturaleza, como las leyes de la Física y la Química. Ejemplos de estas leyes son: la ley de la gravedad, las tres leyes de Newton del movimiento o de la Mecánica clásica, las leyes de la Termodinámica, como la famosa ley de Entropia. Pero en la Naturaleza hay otras leyes aún desconocidas por la ciencia y otras leyes han sido mal interpretadas o no se han estudiado a profundidad. Algunas de estas leyes, son la ley de Tres principios o ley creadora y la ley de Siete principios o ley ordenadora.

La ley de Tres establece que todo fenómeno es producto del concurso de tres fuerzas. En todas las religiones, de una o de otra manera, se hace referencia a esta ley: la santísima trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo), la trimurti hindú (Brahma, Shiva y Visnú) o la trilogía sagrada egipcia (Osiris, Isis, Horus). Son ejemplos de la manifestación de esta ley. En la cosmovisión maya hay muchas formas de representar la ley de tres. Por ejemplo, la trimurti: Itzamná, Chac, Kukulcán o también: Itzamná Ixchel y Ah Kin o Kinich Ahau. En el Popol Wuj o Popol Vuh hay diversos ejemplos de esta ley. Uno de ellos es Corazón del cielo y sus tres manifestaciones: Kaqulja Jun Raqan (Caculhá Huracán), Ch’ipi Kaqulja (Chipi-Caculhá) y Raxa Kaqulja (Raxa-Caculhá); otro es el de Tojil (Tohil), Awilix (Avilix) y Jaqawitz (Hacavitz).

La ley de Siete o ley de Heptaparaparshinoc, es la ley ordenadora o ley de Octava. Se explica a través de la música y de diversos fenómenos en la Naturaleza. La teoría de la música enseña que hay siete sonidos fundamentales o notas musicales. A partir del estudio de los siete sonidos, se entiende que todos los fenómenos naturales se procesan en una escala de siete niveles. De allí que se corresponda con los siete niveles de energía atómica, las siete divisiones de la tabla periódica de los elementos de la Química, las siete unidades fundamentales de la Física. No es casualidad que los antiguos hablaran de siete planetas, de siete maravillas, de los siete días de la Creación y dividieran la semana en siete días conforme al ciclo lunar.

Leyes de evolución e involución

 

En los estudios gnósticos jamás se ha negado la ley de Evolución, pero los gnósticos, no aceptamos de tal ley mecánica, un dogma. Las leyes de la evolución y de la involución constituyen el eje mecánico de la Naturaleza. A toda subida le sucede una bajada; a toda evolución le corresponde determinada involución. Existe evolución en la semilla que germina, en el tallo que crece y se desarrolla, en la planta que da fruto. Existe involución en el árbol que decrece, se marchita, envejece y muere. Muchísimos organismos, innumerables especies son producto de la involución, y muchos otros organismos y especies son producto de la evolución. Lo grave es atribuirle a la evolución características, virtudes y cualidades que esta no tiene.

En la cosmovisión gnóstica se plantea que para liberarnos de la rueda del samsara, necesitamos una tremenda revolución de la Conciencia para lograr el retorno a la estrella interior que guía nuestro Ser. La evolución no tiene nada que ver con el desarrollo espiritual de nadie, no cristifica a nadie. Quien quiera la cristificación necesita la revolución de la Conciencia. Esta sólo es posible trabajando con el grano. Necesitamos una tremenda revolución de la Conciencia para lograr el retorno a la estrella interior que guía nuestro Ser. Cuando disolvemos el Ego, el yo pluralizado, existe revolución total.

La Gnosis y su cosmovisión

 

La cosmovisión gnóstica sigue los mismos principios universales de las cosmovisiones de los pueblos antiguos porque es holística, transdisciplinar y multidimensional. Es holística porque es integradora. Parte del principio de la unidad del todo, de que todo lo que nos rodea tiene vinculaciones entre sí, que todos los objetos y seres se reducen a la unidad, que la diversidad es la unidad. Es transdisciplinar, porque trasciende la concepción de disciplinas separadas y aisladas. De esta manera los saberes de diversas disciplinas científicas, filosóficas, artísticas y místicas se nutren y aportan en conjunto una concepción global.

 La cosmovisión gnóstica es clave para entender diferentes áreas en el estudio de la Gnosis, así como para lograr la auto-gnosis. Su estudio permite entender de mejor manera la Antropología Gnóstica, la Ontología Gnóstica, la Gnoseología o Epistemología Gnóstica y la Axiología Gnóstica. Es así como la cosmovisión gnóstica conlleva un conocimiento de lo más completo. Es multidimensional porque concibe al mundo, al Universo y a todos los seres en forma multidimensional.

 

La multidimensionalidad del espacio y los universos paralelos

 

De acuerdo con la cosmovisión gnóstica, se explica que el espacio infinito interplanetario, es curvo. El Infinito vive en incesante movimiento. Existe una serie infinita de espacios giratorios de distintas dimensiones que se penetran y compenetran mutuamente sin confundirse. De acuerdo con la cosmovisión gnóstica, coexisten armoniosamente una infinidad de universos paralelos.

El espacio circundante, tiene más de tres dimensiones. Las dimensiones conocidas del espacio, son: largo, ancho y alto fácilmente observables en cualquier esquina de una construcción, edificio, casa o mueble. Más allá de las tres dimensiones del espacio físico, existe una cuarta dimensión reconocida por los físicos: el tiempo. Sin embargo, la cuarta dimensión tiene también un componente espacial: las ondas y campos electromagnéticos, el mundo de lo invisible: el aire, los sonidos, la luz, la electricidad, las ondas de la televisión, la radio, los rayos x, las microondas. A la cuarta dimensión pertenecen los fenómenos parapsicológicos, como el de los fantasmas y los fenómenos jinas. Más allá de la cuarta dimensión existe una quinta dimensión: la eternidad, el mundo de los vivos y de los muertos, el mismísimo “más allá”, el mundo de los sueños, el mundo astral o mundo molecular. La sexta dimensión, el mundo electrónico solar, corresponde a los cielos o paraísos de todas las antiguas cosmovisiones.

Los universos paralelos existen no solo en las dimensiones superiores del espacio, sino también en las infradimensiones sumergidas. Las dimensiones sumergidas corresponden a los mundos infiernos de todas las religiones.

Tres dimensiones son espaciales y tres temporales. Las espaciales son longitud, latitud, altura. Las temporales son tiempo, eternidad, y aquello que está más allá del tiempo y de la eternidad. Más allá de la sexta dimensión, está la dimensión original, la dimensión cero, el punto matemático originario: el Espacio abstracto absoluto.

La divinidad suprema

 

En la cosmovisión gnóstica, el Espacio abstracto absoluto, el Dios incognoscible, no es ni un vacío sin límites, ni una plenitud condicionada, sino ambas cosas a la vez. La Deidad incognoscible es el Espacio abstracto absoluto, la raíz sin raíz de todo cuanto fue, es o ha de ser. Esta Causa infinita y eterna hallase, por descontado, desprovista de toda clase de atributos. Es luz negativa, existencia negativa, está fuera del alcance de todo pensamiento o especulación. La divinidad incógnita y desconocida, es eso que no tiene nombre. Aquello, lo Innominado, lo Inefable. El Absoluto está más allá de todo lo que tenga forma y figura, lado por lado, cantidad, cualidad, número, medida y peso, es lo que no es, lo que no tiene forma, lo Real.

 En su obra: “Curso de Tarot y Cábala”, Samael Aun Weor, explica lo siguiente: “EL Absoluta es el Ser de todos los seres. Él es lo que es, lo que siempre ha sido y lo que siempre será. Él se expresa como movimiento y reposo abstractos absolutos. Él es la causa del Espíritu y de la materia, pero no es ni uno ni la otra y solo nos toca intuir su naturaleza. El Absoluto está más allá de la vida condicionada. Más allá de lo que es relativo, es el real Ser (Él), es el no Ser porque no guarda concordancia alguna con nuestros conceptos, pero es el “real Ser”. Todo esto porque no lo comprendemos intelectualmente, para nosotros es como un no Ser aunque es el real Ser del Ser. Ser es mejor que existir y la razón de ser del Ser, es el mismo Ser. En el Absoluto está nuestra legítima existencia, que es un no Ser, un no existir para la razón humana.

 El Absoluto no es un Dios ni tampoco un individuo divino o humano; sería absurdo dar forma a lo que no tiene forma; sería un despropósito intentar antropomorfizar al Espacio. Ciertamente el Absoluto es Espacio abstracto incondicionado y eterno, mucho más allá de los dioses y de los hombres. El Absoluto es luz increada que no hace sombra por ninguna parte durante la noche profunda del gran Pralaya (la noche cósmica). El Absoluto está más allá del tiempo, del número, de la medida, del peso, de la casualidad, de la forma, del fuego, de la luz y de las tinieblas. Sin embargo, Él es el fuego y la luz increada.

 En el Absoluto no existe forma, ni figura, ni número, ni peso, cuando se disuelve el Universo solo queda el recuerdo en la conciencia de los dioses y con esos recuerdos se forma el Universo del Pleroma (Plenitud suprema) y si se quisiera sacar de ahí alguna cosa ya no existiría, pues solo son recuerdos.

 El Absoluto tiene tres aspectos: el Ain, el Ain Soph y el Ain Soph Aur. Ain que es el mismo Sat en sánscrito, o sea, el Inmanifestado absoluto. Hablar del Ain es difícil porque es el Absoluto inmanifestado. Ain Soph que es el segundo aspecto, es donde ya existe cierta manifestación. Allí se quedan todas las criaturas cuando llega el gran Pralaya (Noche cósmica), porque no tienen derecho a penetrar al Ain, o sea, al Inmanifestado absoluto, que se encuentra más allá del pensamiento, del Verbo, del átomo, del sonido, más allá de todo lo que tenga forma, número, peso, etcétera. El tercer aspecto es el Ain Soph Aur según la Cábala hebraica, allí se encuentra el primer Cosmos, el Protocosmos puramente espiritual, el Absoluto solar formado por múltiples soles espirituales. El Espacio abstracto absoluto, es el Agnostos Theos, el inmanifestado Sat, Aelohim o el Ain. Del inmanifestado Sat, de esa divinidad incógnita y desconocida, que se halla latente en todo lo que es, ha sido y será, surge toda emanación: los inefables, el Ejército de la Voz, la gran Palabra, los dioses santos, los elohim, los gobernadores de todo el Universo.

 En la Cosmovisión Maya, el Absoluto recibe el nombre de Corazón del Cielo (Huracán) o “Uk’u’x Kaj, llamado Jun Raqan”, con sus tres aspectos: “Kaqulja Jun Raqan, el primero, el segundo es Ch’ipi Kaqulja y el tercero Raxa Kaqulja” según se cuenta en  Popol Wuj (versión de Sam Colop).

 

Los siete cosmos

 

En la Cosmovisión gnóstica, son siete cosmos que forman el Rayo de Creación. En el Mensaje de Navidad 1964-1965, el Kalki Avatara o Avatar de la síntesis da la siguiente explicación:

La Cábala dice que existen dos cosmos; el Macrocosmos y el Microcosmos. El primero representa lo infinitamente grande, lo segundo representa lo infinitamente pequeño. La enseñanza cabalista sobre los dos cosmos está incompleta, es tan solo una enseñanza fragmentaria. Existen siete cosmos.. .

 El Absoluto en sí mismo es explicado por la Cábala como teniendo tres aspectos, a saber:

1) Ain Soph Aur

2) Ain Soph

3) Ain

Ain Soph Aur viene a ser el circulo externo. Ain Soph viene a ser el círculo medio. Ain es de hecho Sat, el inmanifestado Absoluto.

El primer cosmos no podría existir dentro del Inmanifestado Ain, ni siquiera dentro del Ain Soph. El primer cosmos solo puede existir en el Ain Soph Aur. El primer cosmos es de naturaleza puramente espiritual y su nombre es Protocosmos. El segundo es el Ayocosmos o Megalocosmos, esto es, el gran Cosmos: todos los soles, todos los mundos del espacio infinito. El tercer cosmos es el Macrocosmos del cual hablan los cabalistas en sus libros y está compuesto por la Vía Láctea con sus dieciocho millones de soles que giran alrededor del Sol central Sirio.

 El cuarto es el Deuterocosmos que está constituido por el Sol de nuestro Sistema Solar con todas sus leyes. El quinto es el Mesocosmos, nuestro planeta Tierra. El sexto es el Microcosmos (hombre). El séptimo es el Tritocosmos, lo infinitamente pequeño, átomos, moléculas, insectos, microbios, electrones, etc. y además el Avitchi, Abismo. Entre el Microcosmos hombre y el Macrocosmos existen el Mesocosmos y el Deuterocosmos, por lo tanto resulta un poco caprichosa aquella frase que dice: “El hombre es el Microcosmos del Macrocosmos”. Cada uno de los siete Cosmos tiene sus leyes propias. El gnóstico tiene que estudiar las leyes que gobiernan a estos siete Cosmos, a fin de saber cuál es el puesto que ocupamos en la vida y cómo debemos hacer para lograr la liberación final.

Dios es dioses

 

No existe en las corrientes gnósticas el dogma de la predeterminación ortodoxa que nos embotellaría lamentablemente en una estrecha concepción de la Deidad antropomórfica.

 Dios en griego es Theos, en latín Deus y en sánscrito Div o Deva, palabra esta que se traduce como ángel o ángeles. Aún entre los más conservadores pueblos semíticos, el más antiguo dios de Luz, El o Ilu, aparece en los primeros capítulos del Génesis en su forma plural sintética de los elohim. Dios no es ningún individuo humano o divino en particular, Dios es dioses. Él es el Ejército de la Voz, la gran Palabra, el Verbo del Evangelio de san Juan, el Logos Creador, Unidad múltiple perfecta. Auto conocerse y realizarse en el horizonte de las infinitas posibilidades, implica el ingreso o reingreso a la hueste creadora de los elohim.

Helena Petronila Blavatsky (HPB), en el tomo 1 de su “Doctrina Secreta” explica que: “—las huestes angélicas del cristianismo, los elohim y “mensajeros” de los judíos—, los cuales son, el vehículo para la manifestación del pensamiento y de la voluntad divina o universal. Son las fuerzas inteligentes que dan y establecen en la Naturaleza las “leyes”, al paso que ellos mismos obran conforme a leyes que les han sido impuestas de modo análogo por poderes todavía más elevados; mas no son “personificaciones” de los poderes de la Naturaleza, como erróneamente se ha creído”.

 Eliphas Levi, en su obra: “El Gran arcano del ocultimos revelado”, explica lo siguiente:

 “Según los hierofantes antiguos, la materia no es más que el substratum de los espíritus creados: Dios no la creó inmediatamente. De Dios emanan las potencias, los elohim, (1) que constituyen el Cielo y la Tierra y, según su doctrina, era así como debía de pronunciarse la primera frase del Génesis: Bereschit, (2) la cabeza o el primer principio; Bara, creó Elohim, las potencias, aet-haschamain v’aet-ha-aretz, que son los que hacen (subentendido) el Cielo y la Tierra. Confesamos que esta traducción nos parece más lógica que la que daría un verbo Bara empleado en el singular al nominativo plural elohim. Estos elohim o potencias serían las grandes almas de los mundos, siendo sus formas la sustancia específica en sus virtudes elementales”

 Entre las notas del traductor, se lee:

 Elohim. Literalmente elohim significa El, los dioses, el Ser de los seres, aquel que creó el Cielo y la Tierra, o mejor dicho la colectividad de las divinas potencias, la esencia del Cielo y de la Tierra. Elohim es también dioses secundarios, irradiando del Dios central, o pensamientos creadores, ordenadores y conservadores de los mundos. Los elohim irradian de la Trinidad o Tríada, del mismo modo que los colores irradian del prisma triangular que descompone el espectro solar. Los elohim son las primeras emanaciones de la conciencia suprema. Palabra hebrea.

 (2) Bereschit. “En el principio”, la primera palabra que Moisés escribió en el Génesis. En Cábala, se escribe BRAShITh y dividiéndola en dos, se obtiene: BRA, creó, y ShITh, seis, esto es, las seis fuerzas fundamentales que presiden la obra misteriosa de los seis días del Génesis. Las seis letras de que se compone corresponden al signo del Macrocosmo, que es el hexagrama o doble triángulo (estrella de Salomón). La formación del Macrocosmo (Universo) se divide en seis fases a las que se da el nombre simbólico de “días”. El número 6 es relativo a la creación porque se forma por la adición de los números que componen la Trinidad: 1 + 2 + 3 = 6. La primera Trinidad, simbolizada por el triángulo con la punta hacia arriba, es eterna y existe por sí misma; la segunda, es el reflejo de la primera, por lo que se simboliza por el triángulo invertido.

Las relaciones 1, 3, 6 Se explican en los siete cosmos, ya estudiados. El primer cosmos se rige por una única ley, el segundo cosmos por tres, el tercero por seis, el cuarto por doce y así sucesivamente. Gurdjieff a través de Ouspensky, en la obra de este último: Fragmentos de una enseñanza desconocida (también denominada: En busca de los milagroso), lo explica así: “Al Absoluto se le designa con el número 1, ya que en el Absoluto las tres tuerzas constituyen un todo. En cuanto a los pequeños círculos, los designaremos con el número 3, ya que, en un mundo del segundo orden, las tres fuerzas están ya divididas. En cada uno de estos mundos del segundo orden, las tres fuerzas divididas crean, al encontrarse, mundos nuevos de un tercer orden. Consideremos algunos de estos mundos. Los mundos del tercer orden, creados por las tres fuerzas que actúan semi-mecánicamente, ya no dependen de la voluntad única del Absoluto, sino de tres leyes mecánicas. Estos mundos son creados por las tres fuerzas. Y una vez creados, manifiestan tres fuerzas nuevas de su propio orden. Por consecuencia, las fuerzas que actúan en los mundos del tercer orden serán seis. En el diagrama, al círculo del tercer orden, se le designa con el número 6 (3 más 3). En estos mundos se crean mundos de un nuevo orden, el cuarto. En los mundos del cuarto orden, actúan las tres fuerzas del mundo del segundo orden, las seis fuerzas del mundo del tercer orden, y tres fuerzas de su propio orden, o sea doce fuerzas en conjunto”.

Es evidente que en tiempos muy lejanos, el mismo Judaismo tenía en su cosmovisión la concepción de que en la emanación primaria, el amanecer del Día Cósmico o la Creación, Dios se desdobla en dioses. Así se entrevé en la misma Toráh, la versión hebrea del Pentateuco o primeros cinco libros del Antiguo Testamento o Tanaj. En Bereshit (Génesis) de la Toráh (hebrea), es recurrente la referencia a elohim. Sabido es que en el hebreo arcaico, elohim es una palabra plural.

Así, en el primer versículo de Bereshit (Génesis) se lee: “En el comienzo creó Elohim los Cielos y la Tierra”. Entre los comentarios de versículos del libro de Génesis (Bereshit) y Haftarot, en versión castellana con traducción, supervisión, selección exegética, notas y comentarios del rabino Marcos Edery, publicado por Editorial Sinai de Tel Aviv, se lee que: “Por otra parte nos recuerda Abardanel que en la Toráh en particular y en el Tanaj en general el nombre Elohim es usado también para aquellos seres celestiales, emisarios de D’s que son llamados también Elohim por estar al servicio de Elohim; así como a las cortes que imparten justicia de acuerdo a la Toráh de Elohim”.

Solo de esta manera se explican versículos de la Toráh (hebrea) y de la Biblia (cristiana), que se refieren a Dios en plural. El siguiente versículo es por demás ilustrativo: “Dijo Elohim: Hagamos al Ser Humano a Nuestra Imagen, como a Nuestra Apariencia y que dominen —ellos— los peces del mar y las aves de los cielos y los animales y toda la tierra y todos los reptiles que reptan sobre la tierra”. (Bereshit 1:26). En la Biblia de Jerusalén, no hay mucha diferencia en relación con la denominación en plural de la divinidad: “Y dijo Dios: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y manden en los peces del mar y en las aves de los cielos, y en las bestias y en todas las alimañas terrestres, y en todas las sierpes que serpean por la tierra»”. La parte conducente de este versículo en la versión de Reina – Valera dice: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza…”

Salmos 82 es elocuente al respecto. Allí, en el primer versículo, se lee: “Dios está en la reunión de los dioses”. Y en el versículo seis: “Yo dije: Vosotros sois dioses, Y todos vosotros hijos del Altísimo”. Estas extraordinarias palabras son corroboradas por el mismísimo Jesús de Nazareth cuando respondió: “No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois?”.

Si te interesa saber más de la Cosmovisión Gnóstica, te invitamos a que sigas el enlace de líneas abajo y leas la segunda parte del tema: La Cosmovisión Gnóstica (II). Allí encontrará los siguientes temas: El mito gnóstico, Jehová y no Yahveh, Los eones y el Pleroma, Barbelo, El Eterno femenino, la Creación, El amanecer del Día Cósmico, Los diez principios del ser humano, El Ser y el Yo, Elementos esenciales de la cosmovisión gnóstica, El conocimiento gnóstico y la revelación, Los principios religiosos.

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