Débora, la Jueza y Profetisa

Jueces 5:12 ¡Despierta, Débora, despierta! ¡Despierta, despierta y canta la canción!

Salmo 119:103 Tu palabra es dulce a mi paladar, más que la miel en mi boca.

 

Proverbios 24:13 Hijo mío, come la buena miel; sabe dulce la miel del panal.

En la Biblia hebrea, hay escasas referencias a la mujer símbolo, a la mujer extraordinaria, capaz de levantarse y dirigir a todo un pueblo. Una de esas mujeres portentosas de la Biblia es Débora, única mujer que registra la historia bíblica con liderazgo y facultades extrasensoriales. A la luz de la Exégesis gnóstica, haremos un acercamiento a la semblanza y simbología oculta encerrada tras la historia de Débora

Débora fue profetisa y jueza de Israel, mujer de Lapidot. Acostumbraba sentarse bajo una palmera, entre Ramá y Bet-el, en el monte de Efraín. Es continuadora del matriarcado de Israel.

Más que estudiar al personaje histórico, la Gnosis eterna y universal, enseña que cada pasaje y personaje bíblico se encuentra íntimamente relacionado con el ser humano que esté dispuesto a liberarse de las cadenas de dolor, enfermedad y desolación que esclavizan a la humanidad. Constituyen relatos didácticos para encontrar el camino de retorno a casa, al paraíso perdido, al encuentro con lo divinal. Desde esta perspectiva, el nombre de Débora significa abeja o avispa, por sus instintos ordenados. En consecuencia, posee los atributos de este extraordinario insecto. En el arquetipo de la Diosa de cada mujer, de las mujeres de la Biblia, el carácter de Débora y su manera de ser resulta similar al de las abejas o avispas: disciplinada, trabajadora, ordenada aguerrida, dispuesta a dar la vida por su colmena, por su tribu, por su pueblo. De allí que sus atributos sean los de una mujer laboriosa, sagaz y de gran utilidad para su pueblo, dulce para sus amigos y dolorosa para sus enemigos. Hay que estudiar el simbolismo de las abejas, para entender el mensaje oculto de Débora, como mujer trabajadora, como una abeja, una reina abeja.

Las abejas, esas pequeñas e incansables obreras, capaces de hacer grandes construcciones geométricas (la gran Obra), simbolizan a la Esencia maravillosa, que de flor en flor, va acumulando experiencias que le permitirán retornar a la colmena, al panal con suficiente polen para fabricar el sagrado alimento de la miel; lo que nos habla del despertar, la iluminación; mediante la experiencia del ciclo y que nos permite volver al punto de partida original. Para los antiguos egipcios, la abeja, simbolizaba el alma y estaba asociada a Ra (el Sol). Para san Bernardo, las abejas… son imagen de las almas que saben y pueden elevarse con las alas de la contemplación, que se separan, por decirlo así, de sus cuerpos, igual que el industrioso insecto abandona su colmena para volar hasta el jardín de las celestiales voluptuosidades. Allí encuentran reunidas todas las flores como el más rico de los tesoros, y saborean sus ricas delicias.

La miel de abejas, aparte de sus maravillosas propiedades como alimento sagrado, fue utilizada antiguamente en ceremonias iniciáticas. Así en el culto a Mitra, los sacerdotes daban a probar miel a los iniciados y les hacían lavar las manos con miel. Para los antiguos persas, la miel era parte de la composición del celeste Soma (la bebida sagrada, evidente símbolo del ens seminis, de la energía creadora). En el Rig Veda las abejas ofrecen su miel a los Ashwins, y Krishna lleva una abeja azul en la frente. En la mitología de Creta, el dios supremo nacido de la Tierra Madre (Deméter Ceres) fue alimentado en una gruta por una princesa cretense con la leche de Amaltea y la miel de la reina abeja Melisa (cuyo significado, también, es abeja).

Otro aspecto, no menos importante en la simbología asociada a la abeja, está relacionado con su aguijón y su capacidad como arma de guerra, para vencer al enemigo. Muchas personas, por descuido, por accidente han sido víctimas mortales de un ataque de enjambre de abejas. En el Popol Wuj, libro sagrado de los maya-quichés de Guatemala, se narra cómo, los hombres de maíz vencen a sus enemigos con el sabio uso de enjambres de abejas simbólica enseñanza de la muerte mística, de la eliminación del Ego o yo pluralizado.

El nombre de Débora, también tiene como raíz la palabra hebrea  דבר  (Dabar) que significa palabra, aconsejar, cosa, anunciar, añadir, declarar, someter etc. Esto nos habla aún más de su personalidad, por la cual sin duda fue puesta como juez y profetiza de Israel, como iniciada que maneja la magia del verbo, el poder de la palabra. Es indudable que “Al que sabe, la palabra da poder, nadie la pronunció, nadie la pronunciará, sino solamente aquél que la tiene encarnada”. Por eso se lee en los primeros versículos del Evangelio de Juan: “En el principio era el Verbo y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios”.

Los comentaristas hebreos afirman que cuando en el Tanaj (el Antiguo Testamento), se dice “mujer de Lapidot” no precisamente se refiere a esposa de Lapidot. Es probable que al mencionar “eshet Lapidot” sea más en el sentido de cualidad que de un nombre propio. La palabra Lapidot significa “llamas”. Es el plural de la palabra “Lapidáh” que significa llama, antorcha o encendido. Entonces “mujer de llamas” puede ser una descripción de su carácter, de sus cualidades, logros y realizaciones espirituales. Toda la frase junta “Deborah, profetisa, mujer de Lapidot” nos dice qué tipo de profetiza es: tenaz, fuerte, con voluntad de fuego, inclaudicable, llena del fuego del espíritu, capaz de llevar a cabo la voluntad del Padre que está en secreto.

Aunque mujer de lapidot pudiera referirse a “esposa de Lapidot”, la interpretación rabínica relaciona a Lapidot con Barac, cuyo nombre significa “rayos”, puede ser considerado un sinónimo de Lapidot. De esta manera, el Tanaj, nos estaría mostrando, tanto su carácter como de quién es esposa, o sea de Barac. Sin embargo, Barac pertenece a otra Tribu (y la Toráh –el Pentateuco- establecía el matrimonio dentro de la propia Tribu). Y aparentemente, él vive en otro lugar, en el norte de Israel, pues ella lo mandó a llamar desde su ciudad. Este hecho hace que la definición “mujer de llamas” sea aún más significativa, porque ella es colocada en una posición equivalente a la del comandante en jefe del ejército, que en realidad, él toma órdenes de ella, como se lee en el libro de Jueces; que de acuerdo con la cosmovisión gnóstica, la batalla entre los ejércitos de Sísara y de Débora, nos hablan de las guerras eternas, como aquella del Mahabarata hindú, entre las dos humanidades: una solar y una lunar. Esas dos humanidades se encuentran la psiquis de todo ser humano. Por un lado se encuentran las partes superiores del Ser, los valores, los virtudes, lo mejor de uno mismo: por el otro lado, se encuentran los elementos indeseables de conducta, los defectos de carácter, viva personificación de nuestros errores, el querido Ego. Hay que eliminar al Ego, incluido al jefe, al rey enemigo, el rasgo principal para cantar victoria.

“Después de la muerte de Aod, los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos de Jehová. Y Jehová los vendió en mano de Jabín rey de Canaán, el cual reinó en Hazor; y el capitán de su ejército se llamaba Sísara, el cual habitaba en Haroset-goim. Entonces los hijos de Israel clamaron a Jehová, porque aquél tenía novecientos carros herrados, y había oprimido con crueldad a los hijos de Israel por veinte años”.

“Gobernaba en aquel tiempo a Israel una mujer, Débora, profetisa, mujer de Lapidot; y acostumbraba sentarse bajo la palmera de Débora, entre Ramá y Bet-el, en el monte de Efraín; y los hijos de Israel subían a ella a juicio. Y ella envió a llamar a Barac hijo de Abinoam, de Cedes de Neftalí, y le dijo: ¿No te ha mandado Jehová Dios de Israel, diciendo: Ve, junta a tu gente en el monte de Tabor, y toma contigo diez mil hombres de la tribu de Neftalí y de la tribu de Zabulón; y yo atraeré hacia ti al arroyo de Cisón a Sísara, capitán del ejército de Jabín, con sus carros y su ejército, y lo entregaré en tus manos? Barac le respondió: Si tú fueres conmigo, yo iré; pero si no fueres conmigo, no iré. Ella dijo: Iré contigo; mas no será tuya la gloria de la jornada que emprendes, porque en mano de mujer venderá Jehová a Sísara. Y levantándose Débora, fue con Barac a Cedes. Y juntó Barac a Zabulón y a Neftalí en Cedes, y subió con diez mil hombres a su mando; y Débora subió con él”.

“Y Heber ceneo, de los hijos de Hobab suegro de Moisés, se había apartado de los ceneos, y había plantado sus tiendas en el valle de Zaanaim, que está junto a Cedes. Vinieron, pues, a Sísara las nuevas de que Barac hijo de Abinoam había subido al monte de Tabor. Y reunió Sísara todos sus carros, novecientos carros herrados, con todo el pueblo que con él estaba, desde Haroset- goim hasta el arroyo de Cisón. Entonces Débora dijo a Barac: Levántate, porque este es el día en que Jehová ha entregado a Sísara en tus manos. ¿No ha salido Jehová delante de ti? Y Barac descendió del monte de Tabor, y diez mil hombres en pos de él. Y Jehová quebrantó a Sísara, a todos sus carros y a todo su ejército, a filo de espada delante de Barac; y Sísara descendió del carro, y huyó a pie. Mas Barac siguió los carros y el ejército hasta Haroset- goim, y todo el ejército de Sísara cayó a filo de espada, hasta no quedar ni uno”.

“Y Sísara huyó a pie a la tienda de Jael mujer de Heber ceneo; porque había paz entre Jabín rey de Hazor y la casa de Heber ceneo. Y saliendo Jael a recibir a Sísara, le dijo: Ven, señor mío, ven a mí, no tengas temor. Y él vino a ella a la tienda, y ella le cubrió con una manta.  Y él le dijo: Te ruego me des de beber un poco de agua, pues tengo sed. Y ella abrió un odre de leche y le dio de beber, y le volvió a cubrir. Y él le dijo: Estate a la puerta de la tienda; y si alguien viniere, y te preguntare, diciendo: ¿Hay aquí alguno? tú responderás que no. Pero Jael mujer de Heber tomó una estaca de la tienda, y poniendo un mazo en su mano, se le acercó calladamente y le metió la estaca por las sienes, y la enclavó en la tierra, pues él estaba cargado de sueño y cansado; y así murió. Y siguiendo Barac a Sísara, Jael salió a recibirlo, y le dijo: Ven, y te mostraré al varón que tú buscas. Y él entró donde ella estaba, y he aquí Sísara yacía muerto con la estaca por la sien.

 

23 Así abatió Dios aquel día a Jabín, rey de Canaán, delante de los hijos de Israel. 24 Y la mano de los hijos de Israel fue endureciéndose más y más contra Jabín rey de Canaán, hasta que lo destruyeron.

Lapidot, es un nombre que da para mucho simbolismo. Ya se dijo que es el plural de “lapidáh”, que nos recuerda a las lápidas o piedras planas, cinceladas, buriladas, generalmente de mármol, granito o pedernal; utilizadas para hacer inscripciones, especialmente mortuorias: los epitafios. Los antiguos asociaron siempre a la piedra y a la cruz como instrumentos para producir el fuego. Por ese motivo, en el crismón del Cristianismo primitivo, el adorable dios Khristus (Xpistus, nombre latino de Cristo) deviene de arcaicos cultos al fuego. Las letras P (pira) y la X (cruz) significan el jeroglífico de producir el fuego. Para entender lo anterior, hay que tener presente que en la antigüedad, los instrumentos para producir el fuego, eran la piedra y la madera. Dos piedras de pedernal o dos trozos de madera frotados en cruz, producen fuego.

De allí se entiende mejor porque Débora es la “mujer en llamas”, una “hija del fuego”, del fuego sagrado, una gran iniciada de misterios mayores. Por eso también en Lapidot, encontramos las tres vocales sagradas, que forman el santo IAO, que nos recuerda al gallo (gaio ) de la pasión del Señor, que con su canto matutino nos habla del verbo y del llamado al despertar; pero también con su potencia sexual, nos habla de los misterios sexuales. IAO, nos recuerda también al osado Ícaro de la mitología griega. En las mitologías antiguas, muchos nombres de dioses, semidioses, héroes y mensajeros de los dioses, se encuentran asociados al sagrado IAO. La Biblia hebrea, no es la excepción.

En el libro de Ester, su tutor, Mardoqueo, es hijo de Yaír, Jair o Jairo (IAO), Ester y Mardoqueo´formaban parte de los descendientes de la deportación de Jerusalén a Babilonia, en tiempos del rey de Judá: Joaquín, del que también se esconden las tres letras santas. En dicha historia, Ester fue llevada al palacio real, bajo la vigilancia del eunuco Hegai [Hegay, Hegué, Hegue o Gai en las diferentes versiones bíblicas); es decir, el gallo, gaio o IAO sublime.

En Jueces 4:5, se lee: Y acostumbraba sentarse bajo la palmera de Débora, entre Ramá y Bet-el, en el monte de Efraín; y los hijos de Israel subían a ella a juicio.

En dicho versículo, hay varios elementos importantes: la palmera se encuentra al sur de Efraín que ella elige para, desde allí, juzgar al pueblo. Es tan característico que ya lleva su nombre. Por otro lado, el texto nos dice que los hijos de Israel suben a ella a juicio, ellos acuden a ella, no ella a ellos. Eso nos habla que es de muy  alta estima en el pueblo de Israel; de la sabiduría con que el Padre la ha dotado para dirigir a Su pueblo con su palabra en un momento de falta de liderazgo en Israel; pero en lo más íntimo, hace referencia a la Diosa, al Eterno femenino, a la bendita madre Kundalini: Isis, María, Rea, Deméter, Ixquic; nuestro único refugio y sostén. La mujer símbolo, en la tradición bíblica aparece en la forma de las Tres Marías. En su aspecto divinal, es la Madre divina en el Cosmos, en la Naturaleza, la madre Tierra, Pachamama y en el microcosmos, en el ser humano. En su aspecto terrera, es la mujer abuela, la madre y la esposa. Sin embargo, hay otros dos aspectos, no menos importantes: la hermana y la hija

Es mujer de Lapidot (antorcha o luces) Quiere decir que simboliza a la mujer despierta, iluminada por la palabra (el Verbo) y por el Espíritu Santo. Habita en el monte de Efraín entre Rama y Bethel, quiere decir que esa una mujer llena de los frutos del Espíritu Santo. El monte, es recurrente en los relatos bíblicos. El monte que habla la Biblia es el campo astral, la quinta de las tantas dimensiones de nuestro planeta Tierra. El mundo físico en el que vivimos, nos movemos, trabajamos, nos divertimos y comemos; corresponde a la tercera dimensión. Los físicos saben que la cuarta dimensión, es el tiempo. Sin embargo, en la cuarta dimensión, el tiempo es espacio. Los fenómenos electromagnéticos, que son invisibles, pertenecen a esa dimensión. Más allá del tiempo, se encuentra la Eternidad, que corresponde con el astral, con la quinta dimensión. En su obra: “El libro de la virgen del Carmen”, el Avatar de la Era de Acuario, explica que: “Nosotros somos almas que tenemos cuerpo. Pero el cuerpo no es sino el vestido del alma. El cuerpo no piensa, la que piensa es el alma. El cuerpo no ama, la que ama es el alma. El cuerpo no desea, quien desea es el alma. El cuerpo es únicamente un vestido del alma. Durante las horas de sueño, el alma se sale del cuerpo y visita todos aquellos lugares que le son familiares. Durante las horas de sueño, el alma vaga por el sagrado monte de que nos hablan los santos de los Evangelios”.

Continuando con la simbología del versículo:  (Efraín: doble fructífero). Rama quiere decir altura, es decir vive en las alturas del Ser, en las dimensiones superiores del espacio y Bethel quiere decir casa de Dios, es decir que siempre está presente, en la divina presencia, vive en su interior con la conciencia despierta. Se sienta o habita bajo una palmera, algunos dicen que bajo de un cocotero.

La palmera, tiene raíces profundas, la palmera de Débora, en el desierto; está fuertemente aferrada a la roca. Vuelve nuevamente a aparecer la piedra, la roca. Todas las antiguas religiones rinden culto a la piedra. Por eso Jesús dice: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia”. La piedra es sagrada en todas las antiguas religiones. La piedra simboliza las fuerzas sexuales, los misterios sexuales, el sexo. Y es que el sexo es piedra de tropiezo y roca de escándalo, es la piedra que los edificadores desecharon, la principal piedra del ángulo, la piedra del rinconcito.

A Débora, como a la palmera, no la quiebran los problemas, solo la doblan para nuevamente volverse a levantar y a erguirse firmemente. Tiene altura espiritual, grados espirituales, logros íntimos. Tiene fruto, es decir, a logrado cristalizar dones del Espíritu mediante su trabajo sobre sí misma.

En la genealogía Bíblica, Efraín (Ephraim), es hijo de José y de Asenath; por lo que es nieto de Raquel y de Jacob. Hijo de uno de los doce descendientes de Abraham y que dan origen a las 12 tribus del pueblo de Israel. Samael Aun Weor, en su obra, “Las siete palabras”, explica que Efraín, es una palabra de poder, un antiquísimo mantra sagrado: “Ephraim, es aquel mantra poderoso que nos hace fértiles en la tierra de la aflicción, porque despierta todos los poderes de nuestro cuerpo astral, y porque encierra todas las fuerzas divinales que nos permiten volver al Edén”. Por los estudios gnósticos sabemos que detrás del relato bíblico, se encuentra la simbología oculta. El relato del Éxodo bíblico, no es la excepción. Al liberarnos de la esclavitud egipcia, la esclavitud del Ego, deambulamos 40 años por el desierto de nuestra tierra filosófica. Nuestro mundo interior, es estéril porque no hemos encontrado las aguas del río Jordán (IOrdÁn), las aguas espermáticas que nos permitirán fertilizar nuestra tierra interior.

Enseña el Kalki Avatar que: “El mantra “Ephraim” tiene el poder de desarrollar todos los chacras y poderes de nuestro Crestos cósmico. Todos los poderes ocultos del cuerpo astral entran en actividad con este poderoso mantra egipcio. La vocal “H” se pronuncia como un suspiro hondo, y la letra “P” le da fuerza a esa vocal, como cuando uno está soplando el aire. La letra “H” es el aliento de la vida, el hálito ígneo, y combinada con la letra “P”, así “PH”, da la sensación de estar como golpeando con los labios el hálito de la vida. La vocal “H” se pronuncia como un suspiro hondo, y la letra “P” le da fuerza a esa vocal, como cuando uno está soplando el aire.

El cocotero tiene propiedades para la profecía. Recordemos que su fruto recuerda a las esferas de cristal. Su agua, es considerada un agua bendita. Nos recuerda al ens seminis, a las aguas de la vida. Su pulpa o carnaza blanca, es por demás significativa. Asociada a la pureza. Entre las propiedades del agua de coco están que purifica el aura, ayuda en el parto, limpia los riñones y es altamente hidratante. De la carnaza del coco, se obtiene aceite; que también es simbólico.

En la India, el cocotero, es considerado el fruto de la diosa y de la prosperidad. En muchas culturas, el coco servía para proteger a los recién nacidos. En muchas regiones el coco es considerado el “alimento del alma” y en lugares desérticos, el cocotero es visto como “el árbol de la vida” sagrado en todas las cosmovisiones. Es la ceiba pentandra, el árbol del mundo, según la cosmovisión de los mayas. Es el sagrado fresno, el Yggdrasil de los nórdicos, donde se encuentran las runas benditas. Por eso se encuentra en el centro del Edén. . En su simbolismo encierra los prodigiosos poderes de la transmutación de las energías creadoras, desde el interior de la Tierra, hasta lo más alto, al cáliz, la coronilla y el corazón.

En el capítulo IV del libro de Zacarías se encuentra la visión que tiene el profeta de un candelabro de oro, con un depósito encima y siete lámparas sobre el candelabro. Junto a él, dos olivos, uno a la derecha del depósito y otro a la izquierda. Las dos ramas de olivo, vierten aceite de sí, como oro, por medio de dos tubos, también de oro. Ese candelabro es el Árbol de la vida, equivalente al cocotero de la historia de Débora, símbolo viviente de la columna vertebral y que debe ser alimentado con el aceite de los depósitos de la energía creadora, de las gónadas o glándulas genitales. Las dos ramas de olivo, los dos ungidos con aceite, son los dos cordones ganglionares: Ida y Pingala, que forman el caduceo del dios Mercurio y de la diosa Iris de la mitología clásica y por donde asciende victorioso el aceite sublimado y transmutado en quien huye de la fornicación, como enseña Pablo, en la segunda epístola a los Corintios, versículo 18.

En el capítulo 25 del Evangelio de Mateo, se encuentra la parábola de las diez vírgenes con lámparas a la espera del esposo. Cinco son prudentes y cinco insensatas. Las insensatas no guardaron consigo aceite; “más las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas. Y tardándose el esposo, cabecearon todas y se durmieron. (el sueño de la conciencia) Y a la medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle! Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas. Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan. Mas las prudentes respondieron diciendo: Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas. Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco. Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir” (Mt 25: 6 – 13) La Psicología Gnóstica enseña que ese llamado: “Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora”, es un llamado al despertar de la conciencia; similar al que se le hace a Débora, la mujer símbolo: “¡Despierta, Débora, despierta! ¡Despierta, despierta y canta la canción! (Jueces 5:12)

Déborah tiene al menos tres características exclusivas que hacen de ella la única entre todos los Jueces: Ella fue la única mujer entre los jueces de Israel. Ella fue la única de los Jueces que a la vez fue profeta, es decir, profetisa. Ella fue la única que juzgó sobre todo Israel, mientras que todos los demás Jueces gobernaron solo sobre la propia Tribu.

Cerramos esta entrada transcribiendo el Cántico de Débora y de Barac, contenido en el capítulo V de Jueces:

1 Aquel día cantó Débora con Barac hijo de Abinoam, diciendo:

2 Por haberse puesto al frente los caudillos en Israel,

Por haberse ofrecido voluntariamente el pueblo,

Load a Jehová.

3 Oíd, reyes; escuchad, oh príncipes;

Yo cantaré a Jehová,

Cantaré salmos a Jehová, el Dios de Israel.

4 Cuando saliste de Seir, oh Jehová,

Cuando te marchaste de los campos de Edom,

La tierra tembló, y los cielos destilaron,

Y las nubes gotearon aguas.

5 Los montes temblaron delante de Jehová,

Aquel Sinaí, delante de Jehová Dios de Israel.

6 En los días de Samgar hijo de Anat,

En los días de Jael, quedaron abandonados los caminos,

Y los que andaban por las sendas se apartaban por senderos torcidos.

7 Las aldeas quedaron abandonadas en Israel, habían decaído,

Hasta que yo Débora me levanté,

Me levanté como madre en Israel.

8 Cuando escogían nuevos dioses,

La guerra estaba a las puertas;

¿Se veía escudo o lanza

Entre cuarenta mil en Israel?

9 Mi corazón es para vosotros, jefes de Israel,

Para los que voluntariamente os ofrecisteis entre el pueblo.

Load a Jehová.

10 Vosotros los que cabalgáis en asnas blancas,

Los que presidís en juicio,

Y vosotros los que viajáis, hablad.

11 Lejos del ruido de los arqueros, en los abrevaderos,

Allí repetirán los triunfos de Jehová,

Los triunfos de sus aldeas en Israel;

Entonces marchará hacia las puertas el pueblo de Jehová.

12 Despierta, despierta, Débora;

Despierta, despierta, entona cántico.

Levántate, Barac, y lleva tus cautivos, hijo de Abinoam.

13 Entonces marchó el resto de los nobles;

El pueblo de Jehová marchó por él en contra de los poderosos.

14 De Efraín vinieron los radicados en Amalec,

En pos de ti, Benjamín, entre tus pueblos;

De Maquir descendieron príncipes,

Y de Zabulón los que tenían vara de mando.

15 Caudillos también de Isacar fueron con Débora;

Y como Barac, también Isacar

Se precipitó a pie en el valle.

Entre las familias de Rubén

Hubo grandes resoluciones del corazón.

16 ¿Por qué te quedaste entre los rediles,

Para oír los balidos de los rebaños?

Entre las familias de Rubén

Hubo grandes propósitos del corazón.

17 Galaad se quedó al otro lado del Jordán;

Y Dan, ¿por qué se estuvo junto a las naves?

Se mantuvo Aser a la ribera del mar,

Y se quedó en sus puertos.

18 El pueblo de Zabulón expuso su vida a la muerte,

Y Neftalí en las alturas del campo.

19 Vinieron reyes y pelearon;

Entonces pelearon los reyes de Canaán,

En Taanac, junto a las aguas de Meguido,

Mas no llevaron ganancia alguna de dinero.

20 Desde los cielos pelearon las estrellas;

Desde sus órbitas pelearon contra Sísara.

21 Los barrió el torrente de Cisón,

El antiguo torrente, el torrente de Cisón.

Marcha, oh alma mía, con poder.

22 Entonces resonaron los cascos de los caballos

Por el galopar, por el galopar de sus valientes.

23 Maldecid a Meroz, dijo el ángel de Jehová;

Maldecid severamente a sus moradores,

Porque no vinieron al socorro de Jehová,

Al socorro de Jehová contra los fuertes.

24 Bendita sea entre las mujeres Jael,

Mujer de Heber ceneo;

Sobre las mujeres bendita sea en la tienda.

25 El pidió agua, y ella le dio leche;

En tazón de nobles le presentó crema.

26 Tendió su mano a la estaca,

Y su diestra al mazo de trabajadores,

Y golpeó a Sísara; hirió su cabeza,

Y le horadó, y atravesó sus sienes.

27 Cayó encorvado entre sus pies, quedó tendido;

Entre sus pies cayó encorvado;

Donde se encorvó, allí cayó muerto.

28 La madre de Sísara se asoma a la ventana,

Y por entre las celosías a voces dice:

¿Por qué tarda su carro en venir?

¿Por qué las ruedas de sus carros se detienen?

29 Las más avisadas de sus damas le respondían,

Y aun ella se respondía a sí misma:

30 ¿No han hallado botín, y lo están repartiendo?

A cada uno una doncella, o dos;

Las vestiduras de colores para Sísara,

Las vestiduras bordadas de colores;

La ropa de color bordada de ambos lados, para los jefes de los que tomaron el botín.

31 Así perezcan todos tus enemigos, oh Jehová;

Mas los que te aman, sean como el sol cuando sale en su fuerza.

Y la tierra reposó cuarenta años.

 

 

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